Llama la atención que predios y bardas propiedad del Municipio comiencen a utilizarse para promociones que poco tienen que ver con su carácter de bienes públicos.
En algunos casos aparecen nombres e imágenes bajo estrategias que podrían presentarse como parte de las actividades propias de alguna dependencia con especial interés por ese sector; en otros, incluso publicidad de empresas o negocios particulares.
Promocionarse puede ser parte de cualquier estrategia personal. Lo que cambia el escenario es cuando esas bardas se encuentran dentro de predios que pertenecen al propio Municipio.
Y el contraste resulta inevitable.
Mientras unos servidores públicos buscan hacerse notar mediante nombres e imágenes en bardas, otros mantienen presencia en las colonias a través del trabajo cotidiano que corresponde a sus responsabilidades, atendiendo problemas, recorriendo calles y dando resultados desde el cargo que actualmente desempeñan.
Por eso, más allá de nombres o intenciones, hay una pregunta que merece respuesta: si se confirma que se trata de bienes municipales, ¿quién autorizó esas pintas y bajo qué criterio se permite utilizar espacios que son propiedad de todos para promoción personal?
Porque una cosa es hacerse presente con trabajo.
Y otra muy distinta, hacerlo desde una barda del Municipio.
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