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En la Opinión de Mario Mora Legaspi 🖊️


Los periodistas de ayer (CXIII)

Vamos a la última parte de los artículos dedicados a conocer la vida profesional y periodística de Carlos León Quezada, oriundo de Aguascalientes, quien puso muy en alto el nombre de su querida patria chica en otras partes del país e incluso en el extranjero.

A Carlos le disgustaba recibir regalos. Una vez un candidato a gobernador y luego titular del Ejecutivo de un estado costero lo tenía en buen aprecio. Le solicitó apoyo en el manejo del área de comunicación. Ya electo le ofreció que buscara un terreno en la playa. Carlos rechazó de manera firme pero cortés el ofrecimiento.

Le unió una gran amistad con el político aguascalentense Augusto Gómez Villanueva. “El comandante no sé qué”, le decía de manera coloquial. Cuando Augusto Gómez Villanueva fue nombrado embajador en Nicaragua, Carlos decidió ir a pasar allá un tiempo.

Empezó a escribir un libro sobre turismo. Ya tenía un buen trecho escrito. El temblor registrado en 1985, del siglo pasado, colapso el edificio que ocupaba el periódico Cine Mundial, en la capital del país, donde estaba su oficina. Todo se perdió, no solamente mobiliario y equipo, también documentos y archivos valiosos.

Posiblemente su estancia en Nicaragua le dio la idea de cambiar el enfoque. Ahí, en una excursión, tomó agua de un río. Contrajo hepatitis. No la detectó, no la trató, siguió con su vida normal con buena comida y buena bebida.

Cuando se dio cuenta el mal estaba ya muy avanzado. Ya tenía cirrosis.

Aun así, Carlos siguió trabajando y planeando diversas colaboraciones como la de un gran proyecto de un programa radiofónico que lo hubiera regresado a Aguascalientes, su añorada tierra natal.

Pero el destino tenía su último tercio de la lidia en la arena… Había que terminar la faena. Después de unas navidades en familia su enfermedad se agudizó y en pocos días dejó de existir.

La muerte ejecutó la suerte suprema. Rápido, sin grandes sufrimientos, tranquilo, con la certeza de haber desarrollado una vida plena y exitosa, pletórica de aventuras y experiencias.

Un aspecto curioso y singular es que Carlos León Quezada nació y murió un 23 de enero. El vio la primera luz el 23 de enero de 1930 y falleció un 23 de enero del año 1990, con 60 años cumplidos.

Carlos vivió una vida intensa, llena de momentos irrepetibles dentro de la pantalla de plata, en un tiempo grandioso lleno de glamour, buenos amigos, buen humor, rodeado de mujeres hermosas y talentosas. Con viajes espectaculares, buena comida y portentosas fiestas.

Fue amado y valorado profesionalmente. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?... Salir en hombros de la plaza.

Hasta aquí la vida de un gran periodista y escritor, Carlos León Quezada, cuyo trabajo es digno de ser reconocido por las actuales y futuras generaciones de aguascalentenses.

Sin duda, Aguascalientes ha sido y es cuna de grandes hombres y mujeres, que han destacado en numerosas disciplinas.

Y en el periodismo no ha sido la excepción, pues hemos tenido grandes personas que destacaron por su profesionalismo, capacidad y responsabilidad en el arduo trabajo de informar a la opinión pública.

Estamos recopilando información sobre la vida de otro gran periodista, Juan José Gaytán Macías (MacGay), genial reportero de la sección policiaca, quien inició en EL SOL DEL CENTRO.

Gaytán Macías narró las peripecias del famoso delincuente conocido como el “Capitán Fantasma”, quien siempre lograba fugarse de todas las cárceles del país.

Buscaba la manera de disfrazarse y escapar de prisión y en Aguascalientes no fue la excepción.

También fue el autor de una serie de reportajes sobre el famoso “Vampiro de Cine Encanto” (ya desaparecido) que funcionaba en la segunda cuadra de la calle Madero, donde ahora está conocido restaurante y un estacionamiento.

Tal fue el impacto que tuvieron sus textos que mucha gente acudía al cine a la función nocturna con tal de vivir la experiencia de encontrarse con un vampiro humano, pero también hubo muchas personas que dejaron de asistir a ese cinematógrafo.

Tal fue la influenza de Gaytán Macías, que se daba el lujo de liberar en vísperas de nochebuena o de fin de año a los “rateros conocidos” (RC) , los de poca monta, como carteristas. Y las autoridades ni pío decían.

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