¡Pobre, sencillo y humilde!
Así era don Cuco Esparza
Por Matías Lozano Díaz de León
(Abril 2003)
Mi padre presumía de que a la redonda nadie le ganaba en
esto y esto y esto. ¡Y ahí nomás, que yo le voy ganando! Pero nos llevábamos
muy bien, bromeábamos mucho. Yo le decía: -“Papá, en lugar de que se enoje,
presuma, porque usted me enseñó”. –“!Pues fue chiripa”! -me decía, pero no
aceptaba que volviéramos a competir; eso sí, ya después les platicaba en
el pueblo, cuando yo le ganaba en algo: –“Es el único que me ha ganado”, les
decía a sus amigos.
(Parte V y última)
-Deja el profesor Esparza Reyes el hilo de la
conversación, para referir que el día anterior fue anfitrión de un grupo de
pensionados, a cuya frente vino la
maestra Mercedes Gómez, fue la esposa de un amigo suyo muy querido, que
fue director de la Escuela Normal de Tecuala, Jalisco, Nayarit. –“ahí estudió
mi hijo mayor, Baudelio, bajo esta circunstancia: Doña Mercedes y su esposo no quisieron mandarlo
al internado, se lo llevaron a su casa, como hijo de familia.
Ellos tuvieron cinco hijas, y ningún varón, y allí, este ‘cuate’ ¡se sentía la divina garza!
Cuando fui por él, a sacarlo de Jalisco, Nayarit y llevármelo a México, al
Politécnico, ¡parecía león enjaulado; estaba ‘enchamucado”, no quería irse. Ahí
vivía feliz, entre otras cosas, porque ahí conoció el mar, ahí conoció
cañaverales. Y a los alumnos de la Escuela Normal los querían mucho los
campesinos, los dejaban que comieran lo que quisieran en sus huertas.
Por eso, tuvimos mucho gusto en recibir a ese grupo mis
hijos, Baudelio y Rubén, y hasta mi mujer, que casi nunca habla, ahí les
dirigió un discurso.
Rpp.- -¿Qué dice doña Jesusita de su experiencia como
primera dama del estado?
-¡Ella es feliz, inmensamente feliz porque, al igual que
está pasando en Aguascalientes en este gobierno, a nosotros nos privilegió
mucho la amistad de don Luis y doña Esther, mucho, lo mismo que la amistad de
don José (López Portillo), aunque no tanto como con don Luis y doña Esther.
Rpp.- ¿Trabaja usted por necesidad de trabajar o por
necesidad económica?
-Las respuestas se agolpan y se atropellan, don Cuco las
ordena, y prosigue: - “Bueno: yo estoy trabajando por esto: por la oportunidad
que me dio Solana Morales me fui a Guerrero, recorrí todo el Estado. Me gustaba mucho estimular a los
supervisores, a los directores y a los maestros, porque yo lamentaba no estar
tan preparado como los que tenía enfrente. ¿Por qué? Por una parte, por mi
origen, por una serie de vicisitudes, que no me permitieron ir a una
universidad, a un tecnológico ¡Nada! Yo
fui a lo único que estaba al alcance de mis manos, era a donde podía ir
cualquier muchacho campesino y no más.
Entonces, cuando yo recibía esas oportunidades, me hacía
un propósito: si me ayudaron para la campaña, para mi casa, y no tuve qué
empeñar nada; si ya no tengo problemas fuertes, yo voy a colaborar con lo que
pueda. A mí me impresionó saber cómo era don Benito Juárez, su calidad de
indígena, todo eso. Entonces, me dije: -“Yo tengo que ser, como la gente me
conoce: pobre, modesto, sencillo, humilde, porque, si la gente sabe que llegué
con una mano atrás y otra adelante, no se explicaría que de pronto resultara
que tengo esto o que tengo lo otro.
¡Claro que, si puedo vivir mejor pues, duro más años! Yo me jubilé en Tlaxcala. Ah,
le iba a decir: estando en Guerrero de delegado general, hicimos una junta en
Cocoyoc, un balneario muy hermoso, nos convocaron a una junta, y trabajamos dos
días intensamente, bajo la dirección de Fernando Elías Calles, nieto de don
Plutarco.
En la SEP era el coordinador de delegaciones, era nuestro
jefe directo. Y el día que se iba a clausurar la reunión, hicimos un paréntesis
para esperar al Secretario de Educación Pública, que iba también a que le
informáramos de todo lo que se había hecho. Yo vi aquello tan bonito, que creí
que era una buena oportunidad para invitar a mi mujer, y a Rubén mi hijo, que
vivía con nosotros. Me dije: esto se clausura, todo mundo se va y yo me quedo un
día o dos, para disfrutar de todo esto. Establecido el paréntesis, me salí al
estacionamiento a esperar el carro de mi familia, y el que va llegando, solito,
solito, manejando un coche deportivo, fue Solana, buscando un cajón para
estacionarse, y me voy como flecha.
Cuando se estaciona y apaga su máquina, yo le abro la
puerta. -¿”Y usted, qué hace aquí?, me preguntó. –“Me comisionaron para
conducirlo a la sala”, le respondí, y me dice: -“Qué bueno que lo veo, lo
necesito en Tlaxcala, estoy al tanto de lo que ha hecho en Guerrero pero no va
a lograr su objetivo”. (Yo quería convertir Guerrero en estado piloto de los 53
programas y cinco objetivos programáticos de la Secretaría de Educación Pública
a nivel nacional, pero me dijo Solana: -“Guerrero tiene problemas políticos (acababa de pasar
lo de Lucio Cabañas, que había sido el continuador de la lucha de Genaro
Vázquez, lo habían matado por esos días), tiene problemas de comunicación, es
un estado muy extenso, hay pobreza extrema en algunas regiones, particularmente
en las montañas, y hay muchos otros inconvenientes. Váyase a Tlaxcala, ahí le
damos recursos para que realice sus proyectos”.
Yo le referí que cuando fui dirigente sindical de los
trabajadores de la Escuela Normal de Durango, fui en dos ocasiones a participar
en problemas duros, difíciles, de Huamantla, donde estaba la Escuela Normal,
que luego se cambió a un lugar llamado Palotla, que está más cerca de la
capital. Es un magisterio muy aguerrido, muy provincialista, muy celoso de la
gente extraña, ellos quieren trabajar en su tierra. Pero la respuesta de Solana
fue: -“No se preocupe, a usted lo está proponiendo el propio delegado –que era
un licenciado que fue secretario privado del presidente Díaz Ordaz-, y dice que
usted y él tienen algo en común, que son “sencillos, modestos y humildes”. Ya habló con Tulio –el entonces gobernador- y
está de acuerdo porque no sólo él es amigo suyo sino también su padre, don
Pancho”-.
-“Bueno –le dije-, usted ya me fijó una trinchera y
conservo el rifle que me dio. Haré lo que me diga.
-Tanto en Guerrero como en Tlaxcala, los gobernadores me
ayudaron ilimitadamente, por mi condición de maestro, porque Alejandro
Cervantes Delgado, gobernador de Guerrero, era maestro y licenciado, y Tulio,
habíamos sido amigos desde antes, desde que era joven en el PRI, e
incrementamos la amistad, por la amistad con su padre, que era líder desde
hacía mucho tiempo.
En Tlaxcala recorrimos 44 municipios, en Guerrero eran
75. Tlaxcala está chiquito, como aquí, yo lo recorrí con mucha frecuencia y yo
les decía a los inspectores: “Sin que le hagan el paro a nadie, denme la lista
de aquellos directores o maestros que realmente merezcan un estímulo, un
piropo. No le hagan la pala a nadie, ni le quiten ni le pongan méritos.
Entonces, yo hacía un documento, un borrador, y cuando
menos esperaban, yo llegaba a las escuelas, y sorprendía a todo mundo. Pedía a
a alguien que le hablara al comisario del lugar, al presidente del comité de
educación y al dirigente de los padres de familia y en presencia de ellos, le
decía yo al maestro al que íbamos buscando: -“Maestro, el inspector de tu zona
dice que eres lo mejor que tiene le institución, y quise venir personalmente a
entregarte este documento, y lo hago con un abrazo y mucho cariño”. Y me retiraba.
-Cuando ya creímos haber alcanzado los objetivos en
Educación, convoqué a una reunión que llamamos “Primera Reunión Estatal
Demostrativa de Eficacia y Eficiencia Educativa”, y ahí presentamos nuestro
trabajo, pero previamente analizamos nivel por nivel. Cuando teníamos todo
listo, anunciamos la fecha de la reunión
e invitamos al Secretario de Educación; sabíamos que no iría, sin
embargo, autorizó que fueran a esa junta nuestra –cosa que no ha ocurrido ni
antes ni después- 2 subsecretarios, once directores generales, siete
subdirectores y el presidente del Consejo Nacional Técnico de Educación, y
presidió la reunión, de principio a fin durante cuatro horas, el gobernador.
Intervinieron 32 maestros, con trabajos programados y al final, hablaron los
dos subsecretarios, señalando que, salvo lo que dijera el señor Secretario, a
juicio de ellos, “se consiguió el objetivo; Tlaxcala es el estado piloto a
nivel nacional”.
-Entonces, Tulio Hernández dirigió un mensajazo -¡pero
mensajazo!, muy emotivo, hermoso. Y cuando regresábamos al salón, luego de
acompañar a su carro al gobernador, me abordan los periodistas, preguntándome
si había visto los periódicos de ese día, los cuales no había leído, por
cierto, y lo que publicaban era, que la Sección XXXI del SNTE pedía mi salida
del Estado. Los periodistas pedían mi opinión al respecto, y los invité a la
reunión; escuché los cuestionamientos y mostré los documentos que rebatían
punto por punto, los señalamientos del sindicato. No aceptaban que un pobre diablo
como yo, que no tenía estudios de Normal Superior, que no era licenciado en
nada, pusiera a trabajar a todo mundo”.

0 Comentarios