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En la Opinión de Mario Mora Legaspi 🖊️


Los periodistas de ayer (CI)

Continuamos recordando la vida de nuestro gran amigo y colega Pedro Fernando Lozano Galindo, fallecido el 10 de septiembre de 1917, un periodista en toda la extensión de la palabra, además de temible competidor.

Fernando brilló con luz propia en los medios de comunicación donde prestó sus servicios y en diversas instituciones públicas.

Por principio de cuenta, fue hijo del también periodista Pedro Lozano Balderas, quien comenzó en EL SOL DEL CENTRO y tiempo después se fue a probar suerte a la Ciudad de México, y de su esposa Nelly Galindo Solís, hermana del también finado periodista Héctor René Galindo Solís y del gran reportero gráfico Mario Galindo Solís, quien trabajó largos años en el diario Excelsior, además del licenciado Salvador Galindo Solís y del economista Hugo Galindo Solís, ambos también ya fallecidos.

Fernando nació en esta capital, pero desde recién nacido vivía en la Ciudad de México; comenzó su carrera en el periódico donde trabajaba su señor padre, El Día, donde cubría la sección de la capital del país, luego estuvo trabajado en prensa del Fondo Nacional del Fomento Ejidal (Fonafe), de la Secretaría de la Reforma Agraria.

Posteriormente pasó a formar parte del equipo informativo del diario UnomásUno y a la muerte de su papá se vino junto con su madre, hermanas y hermanos a la ciudad de Aguascalientes, para trabajar primero en la Dirección de Comunicación Social del DIF estatal, cuya presidenta era la inolvidable y bien recordada señora Azul V. de Landeros (QEPD).

Luego se convirtió en reportero de EL SOL DEL CENTRO, el mismo diario donde muchos años antes trabajó su padre, cuyo director gerente era el señor Agustín Morales Padilla.

Fue también corresponsal del diario capitalino El Universal y reportero fundador del diario Hidrocálido también bajo la presidencia y dirección general de Agustín Morales Padilla.


Debido a su capacidad profesional, fue nombrado jefe de prensa del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en los tiempos en que el tricolor todavía era aplanadora electoral.

Fernando Lozano en vida y ahora sin estar en este plano terrenal, sigue siendo reconocido como una de las figuras más respetadas del periodismo en Aguascalientes, maestro de varios reporteros y reporteras en activo. Su legado es inextinguible.

Su hermana Ana Silvia Lozano Galindo, actual editora en jefe de El Heraldo de Aguascalientes, subraya que el hecho de que Fernando haya trabajado en diversos diarios de la capital del país durante la década de los setentas del siglo pasado, esta etapa en la CDMX fue fundamental para su formación profesional.

Durante la década de los setentas, del siglo pasado, Fernando Lozano trabajó en redacciones de diarios capitalinos de gran relevancia como El Universal y UnomásUno.

Se fogueó en la brega diaria cubriendo diversas y variadas fuentes, incluyendo la policiaca en la CDMX, donde adquirió la experiencia que lo distinguiría como un reportero “todo terreno”.

A finales de los años setentas, tras la muerte de su papá, Fernando regresó a su patria chica

Los recuerdos de Fernando saltan en mi mente prácticamente todos los días, puesto que a él y a Salvador Rodríguez López, quien fuera reportero de El Heraldo de Aguascalientes, los veía de manera más frecuente, incluso más que a mis propios hermanos y hermanas, no se digan los demás parientes y amistades.

Por nuestros deberes laborales, los tres cubríamos dos de las principales fuentes informativas: Gobierno del Estado y Poder Legislativo, cada uno representando a su respectivo medio informativo, nos veíamos a diario.

Y por si fuera poco, en ocasiones nos íbamos juntos a almorzar y hasta tomar la copa. Amigos y competidores, sin dobles caras y sin hipocresías, era una toma y daca constante por ganar la nota exclusiva.

En suma, Fernando era un auténtico periodista, desde los pies hasta la cabeza, un hombre que sentía y vivía la noticia, quien dedicó su vida a ejercer la profesión más bonita del mundo: el periodismo, pero también llena de ingratitudes y sinsabores.

Hay más de Fernando, pero le seguimos la próxima semana.

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