Los periodistas de ayer (CXXVIII)
Decíamos la semana pasada que una vez que comenté a los colegas, reporteros de la fuente y corresponsales de diarios y noticiarios nacionales, que acababan de detener agentes judiciales al director fundador del semanario Tribuna Libre, Ramiro Luévano, todos ellos, sin excepción, abandonaron el lugar para dirigirse al edificio de la entonces Policía Judicial del Estado.
Decidieron no cubrir la conferencia que estaba a minutos de comenzar y que encabezaron el gobernador Miguel Ángel Barberena Vega y el presidente de la Confederación Nacional de la Pequeña Propiedad (CNPP), Jesús González Gortázar.
Únicamente nos quedamos los reporteros de los diarios locales y noticieros locales de radio y televisión que cubríamos la fuente gubernamental, además de los reporteros gráficos y personal de Prensa de Gobierno del Estado. No nos quedamos quietos, por el contrario, recurrimos a los teléfonos del hotel para avisar a nuestros respectivos directores y a los compañeros de la fuente policiaca sobre la aprehensión de Ramiro.
En mi caso localicé a mi entonces director el periodista don Francisco Gamboa López, quien se sorprendió con la noticia y me instruyó estar al pendiente de los hechos, a la vez que me pidió comunicarme con mi compañero Armando Jiménez Cruz (QEPD), responsable de la sección policiaca en EL SOL DEL CENTRO, a quien encontré en su domicilio, recordemos que era un sábado al filo de las dos de la tarde. Lo puse al tanto del asunto y me dijo que inmediatamente se dirigía a cubrir la información a la Policía Judicial.
La susodicha conferencia no comenzó a la hora programada, rompiendo la puntualidad que caracterizaba al gobernador Barberena Vega. Inició casi 45 minutos después, ante nuestra desesperación.
Barberena Vega y González Gortázar llegaron. El primero muy serio y el segundo con la sonrisa a flor de labio, totalmente ajeno a lo que había sucedido. Inmediatamente elEjecutivo me ubicó y me lanzó una mirada fulminante, entendiendo un servidor que ya se había enterado de todo lo que había ocurrido alrededor de la detención de Ramiro. Si esos ojos hubieran sido balas, me hubiera masacrado.
No ocultó su contrariedad, pero no me hizo ningún reclamo.
Y es que falta por conocer lo que ocurrió después del fortuito encuentro en la calle 16 de Septiembre. Una vez que el que esto escribe enfiló hacia el poniente por avenida Adolfo López Mateos y el auto patrulla de la otrora Policía Judicial rumbo al oriente para dirigirse al edificio de la corporación ubicado por avenida Héroe de Nacozari, los dos agentes que habían realizado la detención del director de Tribuna Libre se dijeron uno al otro que “el operativo ya valió madre, nos vio un 20”. Es la clave que se empleaba para identificar a un reportero.
Contó después Ramiro que sin pérdida de tiempo se comunicaron vía radio directamente con el entonces procurador general de Justicia, quien también se mostró contrariado por la mala suerte de haberse topado con un reportero que no estaba bajo su control.
Todo indica que el Procurador se comunicó a su vez con el Gobernador, quien estaba al tanto del operativo, y le dio a conocer lo acontecido. Por tal motivo, se retrasó la conferencia y llegó al lugar de la cita con un genio de la patada y al verme no ocultó su enfado hacia mí, pero me hice el desentendido.
Por la tarde, ya en la redacción de EL SOL, me enteré que arias organizaciones civiles, entre ellas el Frente Estatal de Acción Popular (FEAP) y el propio luchador social Rodolfo Solano, se apostaron en la explanada del edificio policial para exigir la liberación de Ramiro y denunciar que era un “preso político”.
Centenares de personas participaron en los actos de protesta, de tal manera que la noticia sobre la privación de la libertad de Ramiro Luévano López, además de que los noticieros locales de radio ya habían difundido la información de lo sucedido.
También varias asociaciones de abogados se hicieron presentes para defender legalmente a Ramiro, además de partidos de oposición al PRI.
Pero nadie sabía a ciencia cierta lo que ocurría en las galeras de la Policía Judicial. El propio Ramiro contó que lo trataron como vulgar delincuente y hasta lo vejaron y desnudaron.
Pero se nos agotó por ahora el espacio.
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