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SE APAGAN LOS DIAMANTES DONDE NACIERON LAS GRANDES HISTORIAS DEL DEPORTE



Las grandes glorias deportivas no nacieron en los estadios modernos. Se formaron en los campos llaneros, donde el polvo, el esfuerzo y la pasión valían más que cualquier instalación de primer nivel.

Uno de esos espacios está a punto de desaparecer. El histórico campo conocido como “Hermanos”, ubicado frente a UGASA sobre avenida Universidad, comenzó a ser intervenido por maquinaria pesada. Todo apunta a que el terreno dará paso a un desarrollo habitacional o comercial, una escena que se ha repetido en distintos puntos de Aguascalientes.


Ahí se escribieron incontables páginas del beisbol local. Fue casa de la Liga de Veteranos Sertoma y de los Amigos de los 50’s, impulsadas por el recordado “Chato” Dávalos. En ese diamante desfilaron equipos como Calaveras, integrado por personajes que dejaron huella dentro y fuera del deporte, entre ellos Jesús Márquez, uno de los pocos lanzadores capaces de hacerlo con ambos brazos, una verdadera rareza en el beisbol; también los periodistas Matías Lozano, José Templos Picaso y decenas de peloteros que cada fin de semana mantenían viva la tradición.


Aguascalientes también ocupa un lugar privilegiado en la historia del rey de los deportes. Aquí nació Ángel Macías Barba, el héroe de la Serie Mundial de Ligas Pequeñas de 1957, cuando lanzó el único juego perfecto registrado en una final de ese torneo y condujo a México, representado por la Liga Industrial de Monterrey, a conquistar su primer campeonato mundial infantil. Una hazaña que, casi siete décadas después, continúa siendo única y que convirtió a un aguascalentense en una leyenda del beisbol internacional.


Como ocurre en muchos campos deportivos, tampoco faltaban las temporadas electorales. Los candidatos llegaban a batear de emergente, buscando llevarse el aplauso y el voto con promesas de apoyo para el deporte amateur. Al final, en más de una ocasión, el hit prometido terminó en elevado de rutina: los recursos nu
nca llegaron o fueron muy inferiores a lo anunciado.


Hoy las nuevas generaciones tienen menos espacios donde jugar. Muchos recurren a parques públicos, con horarios limitados o cuotas de recuperación, mientras otros simplemente dejan de practicar un deporte que durante décadas fue parte de la identidad de Aguascalientes. El beisbol, que durante muchos años fue uno de los deportes con mayor arraigo en el estado, ha ido perdiendo terreno. Sin campos no hay ligas; sin ligas no hay semilleros; y sin semilleros es cada vez más difícil formar nuevos talentos.


El crecimiento urbano es inevitable, pero también debería serlo la conservación de espacios que representan parte de la memoria colectiva. Porque cuando desaparece un campo llanero no solo se pierde un terreno: se borra un capítulo de la historia deportiva de la ciudad, se apagan miles de recuerdos y se cierran oportunidades para quienes apenas soñaban con tomar un guante, un bat y escribir su propia historia. Si Aguascalientes fue capaz de darle al mundo a un héroe como Ángel Macías, también debería ser capaz de preservar y crear los espacios donde puedan surgir las próximas generaciones que vuelvan a poner el nombre del estado en lo más alto del deporte.

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