Por Madero
Héctor Ruiz Esparza
Aguascalientes, Ags., 12 de junio de 2026, d.C.
Mientras el balón rodó en el Estadio Azteca ante más de 100 mil asistentes y millones de mexicanos saltamos de nuestros asientos para gritar los goles de Quiñones y, más tarde, el de Raúl Jiménez, que dieron a la Selección Nacional su primer triunfo en un partido inaugural de una Copa del Mundo, otro partido mucho más importante sigue perdiéndose en silencio.
El enemigo silencioso llamado cáncer de próstata acecha a una gran cantidad de hombres que continúan llegando tarde a sus revisiones médicas y, cuando lo hacen, es porque la enfermedad ya se encuentra en una etapa avanzada.
Los estigmas en torno a la masculinidad, la vergüenza al tacto rectal, el miedo a las inyecciones y las barreras culturales frenan a miles de hombres en México para acudir al médico y prevenir este tumor cancerígeno, que representa la primera causa de mortalidad por cáncer en este grupo poblacional.
El cáncer de próstata se ha convertido en uno de los mayores desafíos de salud pública para la población masculina, con más de 7 mil fallecimientos y cerca de 26 mil nuevos casos al año. A diferencia de las mujeres, para quienes se han focalizado más las campañas gubernamentales de prevención, en el caso de los hombres estas son escasas.
No ocurre lo mismo con la población masculina, que prácticamente no cuenta con campañas permanentes de prevención por parte del Gobierno Federal ni de los gobiernos estatales. La atención suele limitarse a descuentos y publicidad durante junio con motivo del Día del Padre, dejando de lado verdaderas cruzadas de prevención contra este enemigo silencioso llamado cáncer de próstata.
El rumbo de esta enfermedad no ha cambiado en los últimos diez años. Prueba de ello es que, cada hora, tres hombres mayores de 60 años son diagnosticados con cáncer de próstata.
El principal problema para los oncólogos sigue siendo el diagnóstico tardío. El cáncer de próstata no suele presentar síntomas en sus primeras etapas y, a ello, se suman las desigualdades en el acceso a la atención médica y la falta de conocimiento sobre el riesgo hereditario.
A diferencia de hace algunos años, cuando el enfermo fallecía con mayor rapidez y en medio de intenso dolor, hoy existen tratamientos más precisos, menos invasivos y más personalizados que no solo prolongan la vida del paciente, sino que también preservan su calidad de vida.
Hoy en día, para la detección del cáncer de próstata no es indispensable realizar un tacto rectal. Basta con practicarse una prueba de antígeno prostático (análisis de sangre) para conocer el estado de salud y, en caso necesario, continuar con una evaluación médica oportuna.
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