Los periodistas de ayer (CIII)
En el artículo anterior destacamos que Pedro Fernando Lozano Galindo fue mentor y maestro en la práctica de no pocos reporteros y reporteras, que ahora destacan con luz propia en los distintos medios de comunicación, sea en prensa escrita, radio y televisión.
El domingo que murió fue un amanecer distinto. Algo en mi interior me decía que no sería un buen día. En efecto, apenas unas horas después, entrada la mañana, me llegó la noticia sobre su deceso.
Me costó un enorme trabajo digerirla, no concebía que esto hubiera sucedido.
Tuve que comunicarle la mala nueva a un amigo mutuo, Salvador Rodríguez López, quien acaba de fallecer hace apenas cuatro meses.
Fernando recuerdas cuántas veces hicimos bromas a costa de Chava y nos reíamos a tambor batiente junto con Marco Antonio Oliva Cuevas, también ya fallecido unos años antes, mientras Salvador nos fulminaba con su mirada al tiempo que nos decía “babosos”. Siempre propio, introvertido, a Salvador nunca le escuchamos una palabra altisonante, sin importar cuál fuera la contrariedad o el alcance de la broma.
Éramos cuatro amigos personales, pero feroces competidores. Lo mejor fue que nunca confundimos una cosa con la otra, cada quien ponía lo mejor de sí, para llevar la información más oportuna a su respectivo medio. Era auténtica competencia.
Y se valía de casi todo como cuando un servidor los reporteó a ustedes (Fernando, Chava y Marco Antonio) para sacarles los datos de una información que por angas o por mangas un compañero mío no había cubierto y por tanto EL SOL no tenía esa nota.
Cuando me informaron todo lo relacionado con un nuevo programa de vivienda, se percataron que les había sacado toda la sopa y más cuando de pronto me retiré del lugar donde nos encontrábamos tomando una cerveza para regresar presuroso a la redacción de este Diario a escribir la nota.
Fue una de cal por las que iban de arena, aunque tardaron días en perdonarme y que todo se olvidara. Vale la pena comentar que la nota se fue a ocho columnas, es decir, la principal de portada.
Son tantos y tantos los recuerdos que guardó de Fernando, así como de Salvador y Marco Antonio, que no he podido quitarme la tristeza que a diario me invade por su ausencia de ellos y de otros grandes amigos y compañeros de mil batallas.
Fernando gracias por tu amistad y por tu ejemplo. Trabajar muchos años en la actividad reporteril fue todo un privilegio, porque profesionalmente nos enseñó a superarnos en todos los sentidos.
Y a nivel personal faltan palabras para describirlo. Varias veces -junto con Salvador y Marco Antonio- nos dijimos que somos amigos para siempre.
Y efectivamente somos amigos para siempre… hasta la eternidad.
Les confieso que hace dos o tres semanas, en el transcurso de la noche y profundamente dormido, soñé que en un día cualquiera estábamos cubriendo la agenda normal de actividades del titular del Poder Ejecutivo en turno, y me encontraba a la puerta de la sala de prensa de Palacio de Gobierno, en el corredor de la planta alta oriente, y observaba impasible que en la oficina de enfrente, donde se encuentra la Secretaría General de Gobierno, afuera de ella, se encontraban Fernando y Salvador con grabadora y libreta en mano, entrevistando a un funcionario de alto nivel.
Observaba pasivo a lo lejos la entrevista y no traté ni tan siquiera en molestarme por acudir presuroso a dicha entrevista, meter la grabadora o bien escribir en la libreta sus declaraciones, por el contrario, permanecí tranquilo y hasta conversando con un colega que había llegado de Zacatecas.
Desperté ese día intranquilo, con el sueño grabado en mi memoria, y me preguntaba por qué había permitido que me ganaran la nota ante mi presencia y no hice nada por remediarlo.
Al reflexionar el sueño, entendí la realidad. Ellos, Fernando y Salvador, ya están en otro nivel, en otro plano, mientras que un servidor sigue aquí en este mundo terrenal.
Seguramente, ellos -junto con muchos y muchas más- ya están haciendo lo mejor que saben hacer: periodismo, en otra dimensión, al otro lado del sol.
Fernando dejó una huella imborrable en el periodismo de Aguascalientes. Su trabajo queda para ejemplo de las actuales y futuras generaciones de periodistas.
Lo llevamos siempre en la memoria y en el corazón.

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