En el papel, el Congreso del Estado quiere colocarse entre los mejores del país. En la calle, la percepción es otra: una Legislatura señalada por su baja efectividad, su distancia con la ciudadanía y una preocupante tendencia a la autocomplacencia.
El más reciente boletín oficial presume cifras que, a primera vista, resultan espectaculares: cientos de iniciativas presentadas, decenas de decretos y un supuesto posicionamiento nacional en “alta productividad”. Sin embargo, el dato clave que se omite, y que cambia por completo la lectura, es la efectividad real de ese trabajo.
Porque no es lo mismo producir iniciativas que producir leyes útiles.
Los propios registros evidencian que apenas una fracción de las propuestas logra traducirse en normas aplicables. El resto se queda en el limbo legislativo: iniciativas en estudio, desechadas o simplemente irrelevantes. En términos prácticos, el Congreso ha optado por inflar números en lugar de generar impacto.
La narrativa oficial se sostiene en indicadores cuantitativos, cuántas iniciativas se presentan, pero evita deliberadamente los indicadores cualitativos: cuántas resuelven problemas, cuántas se implementan y, sobre todo, cuántas mejoran la vida de la gente.
En el fondo, el modelo de evaluación legislativa en Aguascalientes parece más cercano a una estrategia de campaña que a un ejercicio de rendición de cuentas. Como ocurre con algunos candidatos que mandan hacer encuestas “a modo”, aquí se toman cifras convenientes para construir una percepción favorable, aunque la realidad no la respalde.
El problema no es el INEGI ni sus datos, sino el uso selectivo de los mismos. Se comunica lo que conviene y se omite lo que incomoda.
A esto se suma un entorno interno marcado por tensiones políticas, disputas de poder y decisiones que no siempre responden a criterios institucionales. En lugar de consolidar un trabajo colegiado, el Congreso proyecta una dinámica fragmentada, donde intereses personales y protagonismos terminan pesando más que la agenda pública.
La relación con los medios tampoco ayuda a revertir la percepción. Lejos de fomentar apertura, hay señales de intolerancia a la crítica: medios incómodos son relegados, cuestionamientos son tomados como ataques y algunas legisladoras y legisladores han mostrado una piel particularmente delgada frente al escrutinio público.
El resultado es un Poder Legislativo que no solo enfrenta cuestionamientos por su desempeño, sino también por su actitud frente a la rendición de cuentas.
Hoy, el Congreso de Aguascalientes presume números. Pero la ciudadanía no mide hojas acumuladas ni iniciativas archivadas, mide resultados, soluciones y cambios concretos en su vida diaria.

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