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lunes, 26 de octubre de 2020

¿Dónde estás, Jesús Contreras Que no escucho tus narraciones?

  

Jesús "Chino" Contreras



Augusto Gómez Villanueva y

Nicanor Contreras, ídolos del Futbol

 Una víbora sin colmillos

De Publicista a Inspector de Reglamentos

El Canada Dry, Lepaón, La Manzana y El Mirage

 

 

Platicar, escuchar a Jesús Contreras Flores –El Chino-, es un deleite, con todo y que de un tema se pasa a otro, consecuencia de tanta historia que trae en la cabeza, en una memoria privilegiada. Del mismo modo se lo cuento, tratando de hilar lo más y mejor posible.

 



“Le di diez varos (a Jorge López, fotógrafo) y le dije: cuando llegues al periódico agarras un papel mojado y le empiezas a echar agua en el hocico, trae las mandíbulas pegadas porque le sacamos los colmillos”. –“Pos, ya no va a hacer nada”. –“No, pos ya le habían dado su biberón. Te voy a enseñar la foto para que no creas que soy un cabrón hablador, Dios lo tenga en el cielo, a Rafael González. 

 

¿-También él era fotógrafo?

“Sí, pero el primer fotografo, muy chingón, no he visto otro cabrón tan listo como él, fue Jorge López, ciego él, pelo lacio, flaquillo, ¡ah, como era chingón el cabrón de López: se metía donde le daba su chingada gana; y luego el primer reportero de policiaca -¿si te acuerdas quien fue, verdad?-, “espeluznante”, era su palabra dominguera, como el pinche del Borja, un día fui con Agustin Morales y le dije: “hombre , Agustin, por favor; en una plana de publicidad, ¡21 veces la palabra favorita de ese muchacho. ¿No sabe hacer una redacción? “Un nuevo concepto esto, un nuevo concepto lo otro: se trate de una taquería, una ferretería o cualquier tienda, “un nuevo concepto”. 21 veces repetida en una plana”… 

 

-Platicabas de los fotógrafos-. 

 

-“Ya después fue a buscar chamba Rafael (González); ¿te acuerdas cuando filmaron “EL ultimo atardecer” aquí, en Venaderos? El Chato, Alfonso, Chon y otros, se iba la bola de cabrones, salían de trabajar y ahí van, al Picacho.

 

Eran los prensistas, todos los días se iban y luego andaban todos desvelados, pero ahí van, porque creo que El Chino del Valle les consiguió jale ahí, les daban un tostón diario, tengo yo una foto. Dicen que esta re bien este Salvador García, porque Miguel de la Madrid lo protegió de a madre, el estaba en la cartera de Hacienda, él nos tomó una foto cuando Guadalupe Santacruz fue a hacer un pinche reportaje al Cerro de los Gallos, no llegamos, nos quedamos como los alpinistas malos, a unos metros de la cumbre, llegamos hechos unas pinches sopas. González (Rafael) fue el único que no salió, él nos tomó las fotos: estamos Salvador García, Lupe Santacruz y yo, pero así, como unas pinches sopas.  Nos faltó nomás un pedacito para llegar a la cima, ahí estaba parado delante de nostros el Cerro de los Gallos. Fíjate que pendejos: fuimos de okis, porque todavía no acababan de colocar todo lo que era el equipo de transmisión. Por cierto que ahí estaba un buen amigo, compañero de la escuela, Mario Avilés Borja, fue compañero mio en la vinícola (San Marcos), muy vacilador y pues, no la libramos. No´mbre -, y tengo unas aventuras en “Birmania” –presume, haciendo juego de palabras-  que, cuidado”. 

 

-Estaba lloviendo, obviamente. 

 

“Desde que empezamos a subir –había puros sabinos, pero cortitos, y nos ibamos agarrando, a cada paso, teníamos que agarrarnos de uno, porque estaba paradote el cerro, asi mira, pero ¿sabes por qué nos rajamos? Por la pinche agua, no se veia nada, desde que ibamos le dije a Lupe:  “Va a llover”, -“no, no llueve”, contestó,  muy chingon, y que la chingada. Ya nos faltaba, que será –decía, apuntando un tramo de terreno, mientras yo conducía, una de las veces que fuimos a Jalpa-, y proseguía: “Ya cuando nos tomaron la foto ya veníamos agarrándonos asi, mira - decía, mostrando “las 20 uñas”; una resbalada y pobre de “nuestro hijo”, esa foto la tomó Rafael González, si lo conociste “duró hasta su muerte”, bromea. –

 

“Salió con la huelga, también uno que le decían La Cotorra, uno asi muy narigoncito,  su esposa tenía un puesto de boneteria del lado de La Estrella ahí, en el Mercado Terán, ahí estaba Margarita, yo lo vacilaba,  le decía que su esposa era la princesa Margarita, asi a lo descarado. Eramos unos cabrones. 

(Por los días de esta plática, le habían dado a La Cotorra un reconocimiento en el Archivo Histórico, el director era Angel Hernández), dizque a aquellas personas que aportaron algo y fijate que el cabrón de Armando, lo voy a ver al wey, porque una vez me dijo Popoca que estaría bueno que buscáramos fotos en ese Archivo”. 

 

Conforme avanzábamos sobre la otrora “vía corta” a La Perla de Occidente, la memoria de Jesús Contreras recibía nuevos impulsos, pero no retomaba el tema de la víbora. “Aquí hay un balneario a donde yo traía a las chicas -portense bien cabronas, porque si no, no las llevo al balneario-, (para entonces ya platicaba de sus andanzas como pomotor de la Pepsi), pero conmigo jalaron muy bonito todas las muchachas, porque me tenían confianza, porque yo nunca fui cabrón, uno sabe donde, me las traía y chínguenle, me las llevaba tambien por Tlaltenango, ahí hay un puente pasando el pueblo: cuando llovía, ¡qué bonita agua bajaba de la sierra!, el agua era cristalina, cristalina, y bien fresquesita. Yo sacaba el paraguas y mis “chivas” y ahí me estaba,  y los que  pasaban nomás decian: “Mira, ahí está uno de la Pepsi –Sí, aquí estoy, cabrones, yo solapa (yo solo)”.

 

-Bueno, pero que pasó con la víbora, pues?

 

“¡La vibora! Pobrecita, se me perdia mucho la cabrona (entre las máquinas de escribir, en los escritorio, y un dia, acuérdate que el periódico se movía a base de grabados (en lugar de fotos)

 

-¿Dónde estaba El Heraldo? –pregunto, y provoco que la plática se vaya por otros rumbos-.

 

En la esquina de Colón y Juan de Montoro. Yo acababa de llegar de Parral de Hidalgo, Chihuahua, y me dicen, ahí en “La Chatita”: “pues, es un periodico nuevo, tiene como ocho días. Me fui con el señor Flores, estaba Imelda Rangel como secretaria: hablé con don Fernando Flores Balcázar, ese señor se sabía todo, yo tengo su carta donde me llama  a que vaya a chingarle y, desde entonces. Yo considero que ahí fue un suertazo, incluso te digo, que el hermano de Pepe Morán, Saúl, le dijo a mi jefe: “No la va a levantar “tu hijo”. ---“Yo te apuesto a que sí, si no es pendejo”, y entonces el que salió fue él, Saúl y yo me quedé de jefe de publicidad luego luego, porque vio el pinche viejo Bercún, que conseguí un chingo de exclusivas. Mira, el que tiene facilidad de palabra y más o menos tiene visión de lo que es su chamba, y que quiere hacer las cosas, sí la hace, no como el wey de López,  cuando llegó,  la mesa ya estaba servida” (Luego de que dejó el Seminario, Javier López llegó a El Heraldo como reportero de Sociales, pero al poco tiempo pasó, con mucho éxito al área de Publicidad). 

“Mira,  déjame decirte cómo estuvo la cosa (era claro que nos acercábamos a la historia de la víbora): ahí en el café del Canadá dry (que estaba en contra esquina del Teatro de la Ciudad, en la salida a México, ahí estaban unos muchachos que acababan de agarrar ese negocio, entonces yo andaba trabajando en Reglamentos, se veía que le echaban ganas, porque estaba a media luz, buena botana y la chingada, todos mis compañeros eran unos gorrones, yo no me escamo, pero no soy de las personas que se venden por una copita. “No, chínguensela ustedes, ahí los espero afuera. Cuando iba de jefe de grupo, les dije a todos: no se vendan por una pinche copita. Ese día les dieron una copita de un tequila nuevo y, ya no pudimos chingarlos, ahí hubiera sido una multa de 5 mil pesos, mínimo, y si el cabrón no queria, iba para “boston”. (El dueño era Joel Neri, en ese tiempo muy popular porque era piloto de motos y de carros). “Ese cabrón era a toda madre, nomás nos veía y “Quihubo, muchachos, cómo andan? Y nos alivianaba, sin deberla ni temerla, era muy derecho el cabrón. Cuando nos lo chingábamos por alguna falta en Lepaon, ni de tos la hacía,  como un día, a eso de las seis de la tarde, ya estaba operando, regresamos a las dos de la mañana, veníamos por ahí por la Villa Charra y les dije a los muchachos: se me hace que ese cabrón que les dio la pinche copita, la está regando. Nos fuimos a uno de los centros nocturnos que tenía el Neri: Nomás toqué y abrieron, era la clave. No se veía nada en el pinche local, por el humo de los cigarros. Por violación al horario, tenga, su multota, y no dijo nada, sabía que estaba haciendo mal".

 




Contreras también fue "grillo"

Jesús Contreras, Corresponsal de

los principales medios deportivos 

 

-"Cuando yo estaba en el Heraldo, era corresponsal de Knockout, del señor Balero; de Ring Mundial, del Boxwer de Nueva York, cuatro revistas especializadas, gracias al señor Rafael Gonzalez, el fotógrafo del que veniamos hablando, yo escogía la mejor fotografia  y la mandaba luego luego, después de las peleas, con mi crónica y le ponía:  Foto cortesía de Rafael González, fotógrafo de El Heraldo de Aguascalaientes.  Y no soy hablador, ahí tengo las revistas de Knockout porque, como dijo el ranchero, “Enseñando las prebas”...

Aquí siempre ha habido gente fregona, por ejemplo el Chencho Reséndiz, que jugó con el Atlante, esos cuates son de aquí de los de Abolengo de la colonia Ferronales, del América (Equipo local), La Mula, Jesús Gómez Medina, era extremo, no recuerdo si izquierdo o derecho; y tenian un porterazo que cubría todo, trabajaba en el riel, David “El Larguirucho” Ayala; los Perales, eran los puntales del América, y se daban unos juegazos el América Morelos, hijos de su madre, de garra, el juego que también se daba muy bien era el Puebla-América, porque Puebla siempre patrocinaba unos equipazos, andaban  Raul La Flaca de la Rosa, de portero; Juanillo Rodríguez, creo que es ingeniero, vivía en la calle Constitución, esa era la calle de la crema y nata de los futbolistas, ahí vivía Juanillo Rodríguez, los Acosta, la Pulguita Lupe Acosta, que jugaba con El Sol; Guadalupe y mi tío Nicanor jugaban en El Sol, de segunda; el Flaco Domingo, que fue diputado, fue compañero de mi tío Nicanor contreras. Los Vázquez –Hugo, El Platanito Vázquez-; Augusto Gómez Villanueva, jugaba con El Marte, el pinche equipo campeonísimo, traía unos jugadorazos; otro, “El Distinguido”, ese y el Merenguito, que vivía por la calle de Hornedo, metían goles a lo cabrón. 

Augusto y mi tio Nicanor fueron compañeros en Nicaragua, a mi tío lo mandaron a dar mantenimiento, porque nomás hay en toda America Llatina , dos plantas de Calciplas, calzado de plástico, una está en México y la otra en Nicaragua. Fue cuando Augusto estuvo allá de embajador.

Había otro equipo, el glorioso Zacatepec, donde yo jugué, desgraciadamente ese equipo se acabó, desde que se fueron acabando los ingenios. Era un equipazo, en primera, y ahora ya ni en segunda la hace.

Nos mandaban balones,  nos mandaban dinero para hacernos los uniformes, nos los hacían Las Pitucas, unas muchachas muy bonitas, la que hacía los uniformes se casó con el Tololo Yánez, el Tololo jugaba con nosostros, era extremo derecho, y El Texano Yáñez, ese también tiene su historia, muchas veces ha sido seleccionado de béisbol, chaparrito, de ojos verdes. “Nomás me ve y me dice, quihubo Babe! 

¿Por qué crees que me dice Babe? 
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