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jueves, 1 de febrero de 2018

Peregrinaciones a San Juan, una Tradición muy Redituable

La Historia del Santuario

 
Miguel Hidalgo Tenía 
Programado Lanzar su 
Proclama en ese lugar



Pronto Podrían Construir Otro Santuario para la Virgen de San Juan./ No es la Misma, la Basílica de San Juan que La Parroquia de San Juan Bautista./ La fiesta era el 8 de diciembre, pero un obispo de León influyó para que se cambiara al 2 de febrero./ La Virgen de San Juan fuera declarada Patrona de la Arquidiócesis de Guadalajara


POR MATIAS LOZANO DIAZ DE LEON


Las peregrinaciones al santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos significan una industria sin chimeneas que deja muchos beneficios económicos, pero aunque involucra a muchos estados, entre ellos Aguascalientes, prácticamente sólo Jalisco los recibe, no obstante que es donde menos consideraciones se les tiene a los caminantes, en cuanto a las atenciones que requieren en su viaje. Aguascalientes, en cambio es donde -particularmente en el municipio capital- más atención se brinda a los sanjuaneros que pasan por su territorio, provengan de donde provengan, no obstante que los beneficios económicos son mínimos o ningunos.

Las autoridades sanjuanenses han cedido, prácticamente la recepción y atención de los peregrinos, a los comerciantes que, dicho sea de paso, hacen su “agosto” con ellos, ya que los ven sólo como consumidores, aprovechándose de que ninguna vicisitud, probado está, los desalienta a seguir visitando ese lugar. Los doce meses que median, son suficientes para olvidar las penurias, y en la víspera, los fieles sólo piensan en el gozo de visitar el santuario.

En su último año de vida el obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Ramón Godínez Flores exhortó a los “sanjuaneros” a que no realicen la caminata con otros fines que el de la fe, pero difícilmente podrá evitarse nunca que lo hagan por diversión o deporte, porque quienes lo hacen sin necesidad, lo atribuyen a la tradición.

“La peregrinación –dijo el obispo-, es para recobrar vigor e impulso para llevar y hacer presente la gracia de Dios al volver a casa. Entusiasmar y alegrar a los miembros de la familia, de la comunidad que no pudieron asistir. Se trata ante todo, de inflamarnos en el propósito de extender el reino de Dios”, y que la peregrinación ofrece la posibilidad de reencontrarnos con nuestra propia historia cristiana, nuestra realidad transitoria en este mundo”, y reconocía que la nota característica es la forma festiva y gozosa de estas peregrinaciones, “que ha de recordarnos que nuestro peregrinar hacia Dios no debe ni puede ser lastimoso ni triste”.


El día clásico, cumbre de las festividades en San Juan de los Lagos es el 2 de febrero, Día de la Candelaria, pero no siempre fue así, según observamos en la historia de San Juan de los Lagos.

 Al margen de las controversias que se manejan sobre el origen de San Juan, se tiene por cierto que en la segunda mitad del siglo XVI, ya era un asentamiento importante. El año de 1634 el obispo ordenó que se reconstruyera la ermita del Hospital de Indios o de La Concepción; don Diego de Camarena incluyó la primitiva ermita en el interior de la nueva construcción, concluida en 1641; seis años después, debido a que la nueva ermita amenazaba ruina, el obispo de Nueva Galicia, Juan Ruiz Colmenero, ordenó que se edificara una más sólida. Así nació la tercera ermita, de calicanto toda ella, que tuvo un costo mayor a los 20 mil pesos, construcción que llegaría a ser el templo parroquial de San Juan Bautista.

El Pocito


El primer capellán, Juan Contreras Fuerte construyó el pocito “en el lugar donde surgió milagrosamente una fuente de agua”. Junto al arroyo, el Presbítero vio una niña que golpeaba con un palo una peña en la que había humedad, por lo que al siguiente día mandó a un indio para que construyera una pileta; al segundo golpe que aquel hombre dio sobre la piedra, brotó agua en abundancia y cien años después la gente comenzó a acudir al pocito para buscar “agua milagrosa”. El templo actual en el sitio conocido como El Pocito se comenzó a construir en 1960.

El 30 de noviembre de 1732,  el obispo don Nicolás Carlos Gómez de Cervantes, personalmente eligió otro sitio para un nuevo santuario a la Virgen y bendijo y colocó la primera piedra de lo que es la actual basílica, santuario que se independizó de la parroquia de Jalostotitlán, por decreto del 6 de junio de 1743, del obispo Juan Gómez de Parada.

Después de 37 años de construcción y casi a punto de conclusión del santuario, el 22 de noviembre de 1769 el obispo Diego Rodríguez de Rivas ordenó el traslado de la imagen de la Limpia Concepción al tercer templo, lo que cumplió el 30 de noviembre de 1769 el Pbro. Vicente Ferrer de Cuellar.

En 1884, año en que fue consagrado aquel templo, fue erigido en Parroquia de San Juan Bautista el anterior santuario de la Virgen, siendo el primer párroco don Antonio Vallarta.

Pese a que no estaban terminadas las torres, muy pronto el santuario se convirtió en uno de los templos más suntuosos de la Nueva España. Incluso, el templo de Jalostotitlán, a donde pertenecía San Juan cuando fue ideado el santuario de Nuestra Señora de San Juan, a principios del siglo XVIII, todavía no tenía crucero, cúpula, ábside ni torres; y no fue propiamente terminado sino hasta 1758.

El Santuario se construyó sobre una explanada de 3 metros de altura, ochavada en tres de sus cuatro ángulos, con una balaustra de cantera en derredor. Incluyendo la altura de la explanada, alcanza 65.52 metros de alto; su mayor longitud es de 62.81 metros por 13.44 metros de ancho; su altura interna es de 24 metros.

Otros templos de San Juan
Y el desarrollo de las fiestas



En 1753 se construyó un templo en El Calvario, donde terminaba el vía crucis y donde iniciaban las procesiones; cinco años más tarde se entronizó allí la imagen de la Virgen de Guadalupe; el 10 de octubre de ese año San Juan y Mezquitic juraron patrona a la Guadalupana, y por mandato del obispo le prometieron fiesta solemne, que luego pasaría al templo parroquial de San Juan Bautista.

Debido a la afluencia de peregrinos, en 1797 el rey de España Carlos IV concedió a San Juan de los Lagos el privilegio de una feria anual, que llegó a convertirse en uno de los  principales acontecimientos comerciales de la Nueva España, al punto que había sido elegida para el levantamiento de Miguel Hidalgo el 8 de diciembre de 1810, pero que no se realizó ahí, debido a que se adelantó para el 15 de septiembre, al ser descubierta la conspiración.

En 1836, a instancias del Capellán Mayor don Luis de Ávila el santuario fue incorporado a la basílica de San Juan de Letrán.

En esos años la fiesta para los sanjuanenses era el 15 de agosto, fecha  en que la imagen era sacada para bendecir a los fieles, si bien la fiesta principal era el 8 de diciembre. Pero el señor Obispo de León, J. Jesús Diez de Sollano, que asistió en 1869 para la celebración del primer centenario de la Dedicación, “se dio cuenta de la inmoralidad y vicios que se estaban infiltrando en la fiesta y comenzó a inculcar a sus diocesanos cambiar sus peregrinaciones al 2 de febrero”; como de la comarca del Bajío era de donde más peregrinos se recibían, poco a poco fue adquiriendo más importancia el 2 de febrero.




La imagen fue coronada en 1904, un 15 de agosto, en ocasión del 50 aniversario de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción.

El 27 de enero de 1923 el santuario fue elevado a Colegiata, y el arzobispo Orozco y Jiménez la erigió como tal el 8 de diciembre del mismo año.

Por instancias del Cabildo, el arzobispo de Guadalajara, José Garibi Rivera pidió al Papa que elevara la Colegiata a Basílica menor, lo que tuvo lugar en 1947 y fue solemnemente festejado del 15 al 19 de julio de 1948, con la participación de más de un centenar de sacerdotes y doce arzobispos y obispos.

En julio de 1952, el venerable Cabildo de la basílica ideó que Nuestra Señora de San Juan fuera declarada Patrona de la arquidiócesis de Guadalajara, en julio de 1952; por indicación del señor Obispo, el Cabildo dirigió una carta a todos los párrocos de la arquidiócesis para que solicitaran tal patronato, habiendo sido señalado el 7 de mayo de 1958, para tal proclamación, tanto en la Catedral de Guadalajara como en la Basílica de Nuestra Señora de San Juan.

En ocasión del segundo centenario de la Dedicación, las distintas parroquias de la arquidiócesis peregrinaron a San Juan; la imagen se trasladó al templo parroquial de donde había salido 200 años antes; el 29 a las 3 de la tarde salió de regreso a su casa acompañada por 20 obispos, entre aplausos, mariachis, banda de guerra y repiques de campanas.

El 8 de mayo de 1990, el santuario fue honrado con la visita del Papa Juan Pablo II, quien coronó la imagen en la explanada, donde se encontró con los jóvenes.

A finales de diciembre de año 2000, Mons. Javier Navarro, obispo de la diócesis de San Juan, dijo que creía necesario construir un nuevo santuario para Nuestra Señora de San Juan, “un santuario digno del amor que los fieles tienen a María, espacioso y apto para la evangelización”.

 El nuevo santuario, de construirse, sería en la misma ciudad de San Juan de los Lagos, donde la amplitud de espacio lo permitiera. De paso, contribuiría a solucionar las dificultades de aglomeración en el centro histórico y la inseguridad de los peregrinos. La idea no ha progresado, quizá por temor a que los fieles no sean atraídos hacia el nuevo sitio.





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