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Los Universitarios Año de retos y cambios

Los universitarios

 2016, año de retos y cambios

Héctor de León


En México los calendarios se miden por sexenios. Cuestiones de una democracia que no cambia a pesar de los vaivenes de las luchas y movimientos sociales que llevan más de un siglo. Van tres lustros del siglo XXI y las esperanzas de anhelados cambios en nuestro sistema político, caduco y anacrónico, se lleva por la calle de la amargura a las demás estructuras sociales por el diseño piramidal, que ha mantenido en la cima a una clase que no ve ni escucha, a quienes deberían de ostentar el poder ciudadano. Si continúan los mismos esquemas de un desarrollo social, a todas luces injusto, continuará el desencanto y frustración que llevará a este país a desencuentros y luchas innecesarias.

Lo que más conviene es coincidir en puntos de encuentro entre gobernantes y gobernados, pero por las posiciones de unos y otros, los acuerdos y las coincidencias parecen estar muy distantes. Los rituales políticos y democráticos no presentan expectativas de los cambios de ruta que cada vez se hacen más evidentes y que claman las bases sociales. El mismo sector productivo está dispuesto a llegar a nuevos acuerdos para favorecer el progreso social y recobrar otros espacios y no las migajas de las trasnacionales. La política, economía y educación es un tridente, básico para alcanzar los grandes objetivos sociales.

Ante los retos que presenta el 2016, el liderazgo tendría que ser repartido, en sus propias posiciones que establece el régimen constitucional, entre el Estado, el aparato productivo y los principales entes educativos como lo son las instituciones de educación superior, dicho esto desde luego, bajo un esquema simplista que no nos permite ahondar en un espacio periodístico. La coincidencia de las voces expertas va en ese sentido de que los proyectos de desarrollo social se planifiquen desde la visión de un país integral, con la heterogeneidad incluyente de las distintas posiciones políticas, que al final de sus planteamientos, todos deberían buscar el bien social.

Por esa característica de los cambios sexenales, interesan sobremanera quienes asumirán aquí las principales posiciones en el proceso electoral de mediados de año. Los intereses en juego no son pocos, pero no tendrían por qué supeditarse a un solo grupo o determinados personajes. Importan sobremanera las posiciones de gobernador y alcalde de la capital, por lo que implica una entidad de minúsculas proporciones como lo es Aguascalientes, con el poder concentrado en lo que representa una Capital-Estado.

De la mano de estas elecciones viene el cambio de rector y de los principales directivos en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, una institución que tendrá que asumir un papel preponderante en los nuevos proyectos estatales. La Universidad, por su potencial académico y científico, rebasó ya sus límites territoriales. Por estas y otras muchas implicaciones, el 2016 será un año clave en el futuro de Aguascalientes, y la sociedad no puede permanecer ajena a estos cambios. El poder ciudadano no puede seguir al margen. (hmdeleon@terra.com.mx)  

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