Los Tigres Gordos del Amazonas, parte 2
Aníbal Salazar Méndez
@termapolitano
…LA DEL ESTRIBO se enteró que no hay un permiso otorgado para trabajar con animales en el Circo Aurelio Atayde. Sería un delito que en la Congoja hubiera un Circo con animales. Aún no hay declaraciones de Aurelio Atayde, un trabajador suyo afirmó que viene de la ciudad de Celaya y que arribará hoy por la noche a La Congoja, comunidad ubicada al norte de nuestro estado en los pies de la Sierra Fría...
Como un grito de guerra, lo anterior salió publicado en la editorial de un medio de la capital. Si en un principio eran 50 activistas, llegaron más de 200 de todo el país ese mismo día. Algunos arribaron en vehículos propios, otros en camiones prestados. El punto de reunión fue la Plaza Principal, ahí empezarían las protestas. Algo nunca visto por los habitantes de la zona.
Las autoridades desde muy temprano montaron dos retenes, uno en la entrada a San José de Gracia y otro a 500 metros de las canchas de futbol de la Congoja, esto para impedir el paso de cualquier tipo de animal salvaje, según el reporte. También para ofrecer a los activistas visitantes servicios de atención médica sólo y en caso que fueran atacados por cualquier animal salvaje. Además, se armaron de jaulas, redes especiales, pistolas con dardos tranquilizantes. Establecieron un campamento para mantener rondines nocturnos de vigilancia.
Para contribuir con los esfuerzos de la ciudadanía y las autoridades, el señor Cura invitó a los cuatro grupos de oración a que estuvieran atentos por si veían a cualquier animal salvaje suelto por la calle como tigres, jirafas o changos. Si esto ocurría, que inmediatamente se comunicaran al campamento de las autoridades o a la Notaria Parroquial.
Mientras tanto, Don Jorge, también conocido como El Chino Vueltas, el chofer, había agotado todos los paquetes de boletos que le habían dado a vender, aquello representaba un lleno seguro de por lo menos 20 días de estancia en la comunidad. De hecho y en complicidad con algunos adolescentes, estaba revendiendo los boletos al triple de su precio, la gente seguía comprando.
El circo llegaba por la noche.
La Congoja queda en la parte alta de San José de Gracia, de modo que desde algunos puntos de la entrada se puede ver la carretera.
Fue por la noche que el Aurelio Atayde iba llegando, Eran 9 camiones con luces leds a los costados y rótulos bien iluminados que mostraban a bailarinas montando elefantes y leones. El camión que iba a la cabeza tenía algunos altavoces que anunciaban la llegada del circo a la comunidad.
Ya llegó, ya está aquí el Circo Aurelio Atayde (rugido de tigre), si ya compraste tus boletos ven a la función y conoce a los Tigres Gordos del Amazonas. La voz iba acompañada por percusiones africanas como música de fondo.
Un vehículo marca Atos 2007 color amarillo con bocinas también instaladas en el techo se adelantó al contingente para llegar a la plaza y desde ahí, avisarle a toda la comunidad a la mañana siguiente estaría listo el circo. Eran las nueve de la noche.
Atónitos, los más de 200 ambientalistas vieron cómo se acercaba el Circo, no podían creer que no los hubieran detenido en el primer retén como se los afirmó un funcionario en el grupo del change.org “Basta de la violencia animal en La Congoja”.
Así es la corrupción en México, dijeron varios como justificación ante el hecho. Ante esto, comenzaron a prepararse para ir a las canchas de futbol a impedir la instalación del circo, ya tenían todo listo, incluso un grupo de ellos saldría en el noticiero de Cable Canal la mañana siguiente.
Así, el contingente del circo arribó al segundo retén. En las canchas se dieron cita todos, entre activistas, grupos de oración, autoridades ejidales, curiosos y adolescentes, eran alrededor de 500 personas.
La multitud, toda en silencio y observando la operación del segundo retén.
En el imaginario colectivo todos esperaban que se abrieran los camiones y sacaran de ahí a los tigres Gordos del Amazonas, quizá algunas bailarinas con grilletes.
Si los dejaran pasar y arrestaran a todos los que venían en el Circo, los más religiosos se sentirían liberados y tendrían cuentas con qué rendirle al Señor Cura; Los curiosos podrían sacarse fotos o ser protagonistas de un suceso poco común, muchos lo comentarían por años; Los activistas ya cohesionados con otro triunfo irían a otra parte. La autoridad estaba lista para evitar cualquier conflicto armado, el comisario ejidal solicitó apoyo de la Policía Estatal y ahí estaban, listos para cualquier contingente.
Todos tenían una razón para estar observando y en silencio.
Pasó el primer camión, no encontraron nada. Del segundo al séptimo pura utilería ¿En dónde estaban las jaulas?.
Octavo camión, en la caja un taller mecánico perfectamente bien ensamblado, con máquinas de corte, soldadoras, cableado, etcétera. Incluso un ingeniero iba de copiloto.
Todos una vez pasado el retén comenzaron a estacionarse en las canchas de futbol y la gente, escéptica se acercaba a ellos buscando cualquier resto de bestia o escondite en donde hubiera cualquier muestra de tigre.
En el décimo camión, quienes no perdieron de vista al retén estaban sorprendidos, las autoridades comenzaron a gritarse unos a otros enfurecidos y ordenando levantar el campamento. Corrían de una lado a otro hablando por teléfono.
La multitud no entendía qué pasaba, no comprendían porqué levantaban el campamento los guardias y qué los había molestado tanto. Un joven se acercó a ellos y preguntó por las bailarinas y los tigres ¿En dónde están? No hubo respuesta, para ese momento la indicación era no hablar con los civiles
Después de una hora al fin dejaron pasar al último tráiler. Quienes no se desesperaron y se fueron, se acercaron al chofer ¿En dónde están los Tigres? Preguntaron casi al mismo tiempo.
Ahí los traigo, jefe, son dos robots de 5 metros que construyó mi patrón, mañana dese una vueltecita para que los vea, se ven como de a de veras.

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