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"Amigo aspirante, esto puede interesarte"


Amigo aspirante, esto 
puede interesarte

Christian Muñoz. 

(Politólogo, estudiante de la maestría
 en Derecho en la UNAM y promotor
 del ciclismo urbano en Aguascalientes)

¿Qué será más fácil?: ¿transformar la ignorancia de millones de votantes que deciden sufragar por el mejor postor a cambio de unas monedas, o transformar la actitud corrupta, ineficiente y mezquina de algunos (no pocos) servidores públicos? En esencia, lo segundo debería de ser inmediato, pero sin educar a la sociedad, la ambición por el poder nunca terminará… de cualquier forma, por algo debemos de empezar.
Desde hace mucho tiempo la gente dejó de creer y comenzó a aborrecer a la política. De manera conveniente, los quejosos olvidaron que la vida política no es sinónimo de Democracia y que esta última no se circunscribe al día de elección.
Aunque parezca difícil de creer, hubo algún tiempo en que las personas no podían votar para elegir a sus representantes, ni siquiera podían exigir cuentas o castigar a aquellos que cometían un acto reprobable. A pesar de que al día de hoy existen avances notables en las vías de representatividad, así como en la configuración normativa para la rendición de cuentas, creo que más que una cuestión de legalidad, se debe apelar a los principios de quienes se desempeñan en la función pública; no sería necesario exigir cuentas claras si se tiene la tranquilidad de que existe un correcto actuar.
Si bien es cierto que en la actualidad la corrupción es un mal relacionado a quienes desempeñan sus funciones en la vida pública, corrupto es también aquel periodista que habla o no, de temas de interés general por el simple hecho de recibir una remuneración económica a cambio; corrupto también es aquel empresario que impulsa a un candidato esperando verse beneficiado con algún tipo de regalía o contrato, que, sin ser necesariamente ilegal, logra consolidarse por un vínculo de amistad, conveniencia o contubernio.  
Por naturaleza, los humanos tenemos cierta tendencia a proteger a aquellas personas con las que tenemos un vínculo familiar o emocional y salvo algunas excepciones, prácticamente nadie puede decir “NO” a la posibilidad de apoyar a “los suyos”. Lo anterior aplica prácticamente en cualquier circunstancia, pero sucede de manera particular mientras se está en una posición privilegiada y con influencia en la toma de decisiones.
Nadie podría culpar a un funcionario cuya familia ve crecer su patrimonio durante su gestión, o al funcionario que solicita un apoyo a un amigo para asegurar el ingreso de su hijo a una institución de educación pública, o al servidor público que adquiere terrenos y propiedades de manera tramposa y vive de amparo en amparo, utilizando argucias legales para seguir contendiendo en cada elección que se le atraviesa. Si algo es cierto, es que debemos reconocer que la corrupción nos afecta a todos, pero sólo nos indigna cuando no nos beneficia.
En vísperas de las elecciones y ya arrancado el proceso electoral, sería bueno que todos los aspirantes a ocupar un cargo de elección popular realizaran un acto de brutal honestidad y se preguntaran ¿para qué quiero ser electo? ¿realmente conozco y entiendo las labores propias de la función que voy a desempeñar? ¿tengo los conocimientos necesarios?.
Si las respuestas no coinciden con la verdadera función y perfil de un servidor público y están más relacionadas con ambiciones personales o materiales, por favor declinen; si quieren ser Diputados y nunca han redactado ni el proemio de una iniciativa, por favor quédense en su casa (con mayor razón si no saben qué es el proemio); si les apasiona la política y esperan con ansia la cuarta temporada de House of Cards y creen que es un manual descriptivo de la política, por favor, de la manera más atenta, les suplico que no asistan al registro.
Sé que a nadie nos gusta el actuar y la manera de conducirse de muchos políticos militantes de todos los partidos, pero la Democracia comienza ahí, en las Instituciones, no es una tarea sencilla hacerlas funcionar de manera adecuada pero aún no se ha inventado una mejor forma de agrupar la ideología e intereses de personas con un objetivo en común.
Debemos ser autocríticos en los partidos, profesionalizarnos, y si alguien considera que un perfil ciudadano por el simple hecho de ser popular o poseer un apellido de renombre debe ser abanderado, me permito recordar que desde hace tiempo existen las candidaturas independientes.  

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