Los periodistas de ayer (CXXVII)
Continuamos con la trayectoria periodística y personal del periodista y editor don Ramiro Luévano López, quien falleció hace apenas unas semanas y que a la postre derivó en el cierre de sus dos publicaciones creadas y dirigidas por él: Tribuna Libre y el diario Página 24.
La semana anterior nos quedamos en que la persecución política en contra de Ramiro estaba completamente desatada durante el sexenio del gobernador Miguel Ángel Barberena Vega.
Por tanto, un sábado de verano al comenzar la tarde, aproximadamente a las 13:30 horas, el reportero que esto escribe se dirigía a cubrir una conferencia de prensa programada para las 14:00 horas en el Hotel Francia, con el propio mandatario estatal y el presidente de la Confederación Nacional de la Pequeña Propiedad (CNPP), Jesús González Gortázar, quien realizó una gira de trabajo por la entidad.
Un servidor había llegado desde la mañana a la redacción de EL SOL DEL CENTRO para adelantar y redactar algunas notas, para luego cubrir la rueda informativa que se tenía prevista desde un día antes, por lo que salí del Diario cerca de la una y media de la tarde para dirigirme al Hotel Francia a cumplir con mi deber.
Una disculpa por referirme en primera persona, abordé enseguida mi auto particular y me seguí por avenida Madero, di vuelta a la izquierda por la calle Hidalgo, luego Juan de Montoro para doblar a la calle 16 de Septiembre con el propósito de llegar hasta la avenida Adolfo López Mateos y dar vuelta a la izquierda. Pero una vez que pasé el crucero con la calle Hornedo, donde la preferencia de paso es alternado uno por uno, yo transitaba por el carril poniente y en ese momento se me emparejó un auto patrulla de la entonces Policía Judicial (todo mundo las identificaba) y observé que viajaban dos agentes de la corporación, el que conducía conocido comandante policiaco. Las dos unidades se detuvieron por el tráfico y de pronto escuché una voz que me llamaba por mi nombre a grito abierto: “¡Mario Mora! ¡Mario Mora!” y voltee para observar a Ramiro con los brazos en la espalda, porque iba esposado como si fuera un peligroso delincuente.
Y Luévano López me dice a voz en cuello “me llevan detenido y sin orden de aprehensión, y amenazan con desaparecerme”. Sin pérdida de tiempo, les exigí a los elementos judiciales que me mostraran la orden de aprehensión, y el que iba al volante de la patrulla me mostró un papel blanco doblado que a mí no me decía nada.
Entonces Ramiro me pide que por favor me comunique a las oficinas de Tribuna Libre. Fue entonces cuando el tráfico avanzó y nos comenzaron a tocar el claxon los vehículos que iban detrás de nosotros, pero le alcancé a responder que inmediatamente lo iba a hacer.
La patrulla llegó al crucero con López Mateos y se enfiló rumbo al oriente hacia el edificio de la Policía Judicial, ahora Policía de Investigación Criminal o Policía Ministerial, mientras que este redactor se dirigió hacia al poniente para dar la vuelta en la calle Colón y entrar al estacionamiento subterráneo de Jardín de los Palacios, donde los reporteros de la fuente oficial o gubernamental teníamos pase de cortesía para poder estacionar nuestro respectivo vehículo particular.
Presuroso llegué al Hotel Francia y pedí en recepción un teléfono, todavía en esos años no había aparatos móviles, y me comuniqué a la redacción de Tribuna Libre y me contestó nada más ni nada menos que el periodista Francisco García Chávez (QEPD), quien era el jefe de redacción de Tribuna. Al identificarme me saludé con afecto, pues ambos de manera constante coincidíamos en actos públicos o en la calle y siempre entablamos largas conversaciones. Le informé de lo que había ocurrido con Ramiro y me respondió que enseguida llamaría a los abogados y a sus familiares. Y se mostró muy agradecido por informarle.
Me dirigí inmediatamente al salón donde iba a celebrarse la conferencia de prensa, donde ya se encontraban varios colegas, entre ellos reporteros de otros diarios, estaciones de radio y canales de televisión, así como corresponsales de los llamados periódicos nacionales, a quienes les informé en voz alta que acababan de detener al director de Tribuna Libre.
Todos se mostraron sorprendidos y les detallé que habían sido agentes de lo que era entonces Policía Judicial. Los primeros en abandonar el lugar fueron todos los corresponsales, sin excepción, pues valoraron que la nota importante no estaba ya ahí.
Seguimos la semana venidera.
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