Los periodistas de ayer (CXXVI)
Interesante, en verdad, saber sobre la vida del recientemente fallecido periodista y editor Ramiro Luévano López, quien fuera fundador y director general del semanario Tribuna Libre y del diario Página 24.
Luego de su muerte, sus herederos decidieron poner fin a las dos publicaciones que marcaron toda una etapa en la historia del periodismo en Aguascalientes. En efecto, el sábado anterior apareció la última publicación de Página 24 con un editorial de despedida y de agradecimiento a sus lectores, anunciantes y público en general. La verdad de las cosas, tanto Tribuna Libre como Página 24 merecían una mejor suerte.
Siguiendo con la vida de don Ramiro, era el México de un régimen político prácticamente hegemónico, atravesado todavía por las heridas de 1968 y del 10 de junio de 1971. La prensa crítica permitía asomarse a un país distinto del que describía el discurso oficial.
Durante sus viajes por motivos comerciales a la capital del país, Ramiro estableció contacto con un medio de comunicación que terminó como acreditarlo como periodista. Aquella circunstancia abrió una puerta inesperada.
Pero el periodismo que terminaría ejerciendo no nació realmente en una redacción de la Ciudad de México, floreció de regresó en Aguascalientes.
Ramiro veía una ciudad donde el PRI dominaba prácticamente todos los espacios de representación política, la oposición tenía una presencia reducida y escaseaban las publicaciones dedicadas a la denuncia.
Veía también conflictos obreros y campesinos, reclamos ciudadanos y abusos que no encontraban espacios en la prensa existente.
Entonces fue cuando se decidió a crear un periódico.
El 20 de diciembre de 1983 apareció el primer número de Tribuna Libre, proyecto que emprendió junto con su hermano Ro Roberto.
Desde el nombre había ya una declaración de principios.
Al comienzo la publicación apareció irregularmente; después de manera mensual, quincenal y finalmente semanal. Sus primeras oficinas eran modestas y se encontraban en la avenida Héroe de Nacozari.
Tribuna Libre eligió desde sus primeros años un periodismo crítico, frontal, popular y frecuentemente ácido. Y muy pronto llegaron también las consecuencias.
Las llamadas amenazantes comenzaron a recibirse tanto en las oficinas como en el domicilio particular de Ramiro. Con los años las amenazas dieron paso a denuncias, detenciones y agresiones.
Hago un paréntesis para señalar que algunas ediciones de Tribuna Libre, en sus primeros años ya como semanario, los ejemplares se imprimieron en los talleres gráficos de EL SOL DEL CENTRO, como resultado de un contrato que suscribieron el entonces director del Diario, José Ángel Martínez Limón, y Ramiro Luévano López, de tal suerte que cada miércoles o jueves llegaban dos trabajadores de Tribuna a entregar las planas formadas para imprimirlas en la rotativa de EL SOL, antes de la edición de este periódico.
Fue en EL SOL donde conocí a Ramiro, ambos nos saludábamos con cordialidad, pues yo sabía quién era y él me conocía por mi trabajo reporteril.
En ese entonces nunca entablamos una plática, pues solamente era un intercambio de saludos.
Las denuncias y la persecución política en contra de Tribuna Libre y su director fundador subió de tono. Y durante el gobierno de Miguel Ángel Barberena Vega, una publicación particularmente crítica contra un funcionario estatal derivó en un procedimiento penal y en la aprehensión de Ramiro.
Agentes judiciales lo detuvieron un sábado al salir de su domicilio. Le querían dar el cásico “sabadazo”. Lo llevaban esposado en el asiento posterior de una patrulla de esa corporación rumbo a las instalaciones de la entonces Policía Judicial, ahora flamante Policía de Investigación Criminal o como todavía le dicen Policía Ministerial.
Dicen que un reportero sin suerte…no es reportero. Y digo esto porque cuando lo trasladaban como si fuera un peligroso delincuente la patrulla coincidió en el tránsito de un sábado antes de las dos de la tarde por la calle 16 de Septiembre, entre Hornedo y avenida Adolfo López Mateos, con el auto que conducía un servidor y cuando ambas unidades se emparejaron y se detuvieron por el tráfico, Ramiro me identificó y enseguida me llamó a gritos por mi nombre y una vez que le respondí qué pasaba, me informó que lo llevaban detenido. Pero la historia se las narró completa la semana venidera.
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