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En la Opinión de Mario Mora Legaspi 🖊️


Los periodistas de ayer (C)

Nunca me imaginé que estos textos dedicados a honrar a mis colegas periodistas, muchos de los cuales ya no se encuentran en este plano terrenal y otros más están prácticamente en el olvido, podrían llegar a tantos capítulos, a 100 para ser exactos.

A lo largo de los últimos meses he buscado destacar la vida y obra de los trabajadores de la información, quienes dieron su vida por informar a la opinión pública sobre el acontecer local, nacional y hasta internacional

Agradezco infinitamente la generosidad de mi casa de toda la vida, EL SOL DEL CENTRO, por permitirme publicar estos artículos, en especial a los altos directivos de Organización Editorial Mexicana (OEM). Y millones de gracias a ustedes, amables lectores, que me hacen el favor de leer estos párrafos.

La tarea no ha terminado, faltan todavía no pocos reporteros y reporteras que han entregado y todavía entregan su vida a esta noble labor de dar cuenta de los sucesos importantes que se dan en nuestro entorno. Esperemos que Dios nos conceda el tiempo suficiente para hacerlo y que los directivos de esta empresa editorial nos permitan continuar con esta labor. A todos y a todas, muchísimas gracias.

En esta ocasión especial vamos a recordar a uno de los referentes más recientes del periodismo local, a un personaje que demostró día tras día su valía como reportero, hijo, hermano, esposo, compañero y amigo, nos referimos nada más ni nada menos que a Pedro Fernando Lozano Galindo (QEPD), cuyas notas firmaba con el nombre de Fernando Lozano, quien fue un periodista completo con un instinto reporteril que le caracterizaba de los demás, es decir, un reportero desde la cabeza hasta los pies.

Fernando, amigo cercano y personal, compañero de mil batallas y temible competidor, junto con Salvador Rodríguez López, recientemente fallecido, y el que esto escribe, conformamos un trío muy singular, calificado en el medio periodístico, como el de “los tres mosqueteros”, porque cubríamos por años dos de las fuentes principales: Gobierno del Estado y el Congreso local, por nuestro respectivo medio de comunicación: Fernando por Hidrocálido, Salvador por El Heraldo y un servidor por EL SOL.


Fuimos insuperables, siempre juntos, pero luchando entre sí por llevarse la exclusiva, sin dar tregua a nada. Muy amigos, pero acérrimos competidores, porque cada uno defendía a ultranza su propia camiseta.

Casi a diario coincidíamos en Palacio Mayor o en Palacio Legislativo, según el caso, siempre buscando la nota de “ocho” para su respectivo diario.

Y si andábamos pegados como estampillas era para evitar que uno de nosotros quisiera ganar la nota, era una batalla de todos los días, cuidándonos unos a otros, pero sin que esta profesional competencia dañara nuestra amistad tan estrecha que se había formado a lo largo del tiempo, a grado tal que nos íbamos a almorzar juntos a un lugar céntrico, o bien, cuando teníamos oportunidad, nos escapábamos a algún bar para ingerir cerveza o algunas copas.

Fernando nació en la Ciudad de México, fue hijo del también periodista (ya finado), Pedro Lozano Balderas, oriundo de Aguascalientes, quien allá por la mitad del siglo pasado trabajó en EL SOL DEL CENTRO.

Y, como otros colegas de la época, decidieron emigrar a la Ciudad de México para buscar su superación personal, profesional y económica. De Don Pedro Lozano ya hablamos en meses pasados, quien trabajó en varios diarios capitalinos y durante sus últimos años de vida laboral en El Día, cuyo lema era “Vocero del Pueblo Mexicano”, un periódico de izquierda y que daba voz al movimiento obrero en general, dirigido por el periodista Enrique Ramírez y Ramírez (QEPD).

Fernando inició sus pininos precisamente en ese diario, bajo la batuta de su señor padre, pero también al lado de destacados periodistas que en ese medio trabajaban.

Comenzó como todos, sin privilegios, cubriendo muchas de las veces la famosa “caballona”, es decir, la guardia nocturna en la redacción que iniciaba desde las siete u ocho de la noche y se extendía hasta el cierre de la edición, cuando ya el periódico estaba en los talleres de impresión.

Nos contaba Fernando, durante nuestras pláticas cotidianas, que poco tiempo después tuvo oportunidad laboral en el diario UnomásUno, un diario tabloide, en el que participaban algunos periodistas y articulistas que se salieron cuando vino el “golpe” al diario Excelsior.

Continuamos la siguiente semana.




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