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En la Opinión de Mario Mora Legaspi 🖊️


Los periodistas de ayer (XCIV)

Iniciamos el segundo capítulo destinado a conocer la vida periodística de Javier García Zapata, reportero del desaparecido diario Momento y quien fuera jefe de redacción de EL SOL DEL CENTRO y también ocupó el mismo cargo en El Heraldo de Aguascalientes, entre otras actividades relacionadas con los medios de comunicación.

Javier rinde homenaje a su amigo Carlos Raúl Cruz Gallardo, al decir que “probablemente no tendría yo una pensión decente si Jesús Álvarez Gutiérrez -que en paz descanse- no me hubiese invitado a trabajar en el Instituto de Educación, luego de la triunfadora campaña de Otto Granados Roldán. Y no habría entrado en contacto con Jesús si el licenciado Asunción Gutiérrez Padilla no me hubiese dado oportunidad de tener una columna y escribir algunas crónicas en El Heraldo de Aguascalientes, mientras trabajaba en prensa de la Delegación del ISSSTE. No estuviera en este instituto si no es gracias a las gestiones de Marco Romero Rosales (QEPD), subdelegado administrativo, y donde permanecí por un tiempo en virtud del apoyo de Enrique Martínez Macías, entonces delegado de esa institución”.

Y añade: “No habría conocido a Marco si Jorge Varona Rodríguez no me hubiese recomendado acudir con él”. Jorge Varona fue director de EL SOL DEL CENTRO y después ocupó el mismo cargo en el diario Momento.

“Y es probable que no hubiese conocido a Jorge Varona, ni incursionado en el periodismo si no hubiese sido por mi también estimado amigo Carlos Raúl Cruz Gallardo, fallecido hace algunos años, quien me presentó con el entonces director del diario Momento de Aguascalientes, en el año de 1978”.

También es muy probable, señala, “que no hubiera ido este servidor a dar al periodismo si la recomendación de don Juan Solís, mi suegro desde hacia apenas dos años, hubiese dado resultado. No fue por él que se frustró la oportunidad de un empleo”.

Ocurrió que a la dependencia a donde me envió, el puesto que estaba disponible era de mecanógrafo y con preparatoria terminada…

Y de puro coraje se propuso aprender mecanografía: “y ahí me tienen ustedes llenando hojas y hojas día y noche”. Recuerda que su esposa Lety Solís le entuba frescapie para relajar sus manos, hasta que por fin luego de un par de semanas de golpear las teclas de aquella Olivetti, de llenar incontables hojas y de gastar algunos rollos de cinta, logré dominar la mecanografía.


Pero para terminar la preparatoria se tardó un poco más. Entretanto, dice, “ayudaba a mi papá en la tienda que tenía casi frente a la prepa de Petróleos. Una mañana rumbo al centro me topé en el camión con Carlos Raúl, a quien conocía porque alguna vez habíamos platicado siendo yo representante estatal del Partido Demócrata Mexicano (PDM), el del gallito colorado, contaba con 20 años.

“Cosa curiosa el coincidir en el transporte, porque Carlos Raúl casi siempre se movilizaba en su bicicleta negra, con una castilla rebosante de periódicos y revistas”.

Y aprovechó la ocasión para decirle que “me gustaría ser reportero como tú”. Y ahí nos tienen frente al licenciado Jorge Varona Rodríguez, director de Momento.

Cruz Gallardo le comentó antes de reunirse con Varona Rodríguez que “tú le dices que tienes experiencia escribiendo en la revista Señal y en el periódico Orden”, publicaciones de derecha, con toda certeza puedo decir que Varona ni siquiera había oído hablar de ellas.

De todos modos, “seguro que no me creyó y con toda razón porque la primera cuartilla que le presenté sobre algún tema deportivo la hizo ‘bolita’, la arrojó al cesto de basura y me ordenó ¡vuélvala a escribir muchacho!”. Y creo que hasta agregó “eso no sirve”.

Así, de alguna forma la afortunada sucesión de personas y acontecimientos, comenzó con ese encuentro fortuito en el camión urbano, recalca García Zapata.

Carlos Raúl Cruz Gallardo, para mayores señas, era un hombre bueno. Limpio por dentro y por fuera, aunque no lo pareciese, a consecuencia de un aparente desaliño que incluso despertaba inmerecidas burlas, las cuales se volvían más acerbas cuando se trataba de sus creencias religiosas. O también porque solía comer a mordiscos víbora de cascabel disecada, o dientes de ajo crudo, comenta Javier sin ocultar su emoción al evocar a su amigo ya fallecido.

Carlos Raúl era un periodista de principios y fiel a sus creencias. Y también trabajó en El Heraldo de Aguascalientes, pero de ello hablaremos la siguiente semana.

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