Los periodistas de ayer (XCV)
A continuación, la tercera parte de los capítulos dedicados a Javier García Zapata, gran jefe de redacción de EL SOL DEL CENRO y después de El Heraldo de Aguascalientes, aunque primero fue reportero del desaparecido diario Momento.
Javier prefiere rendir homenaje a su amigo el finado periodista Carlos Raúl Cruz Gallardo, quien fuera reportero de Momento, EL SOL y también de El Heraldo de Aguascalientes, durante los años que estuvo viviendo en esta capital, antes de regresar a la frontera norte donde murió tiempo después.
García Zapata, quien subraya que los que ocupan la jefatura de redacción en los diarios son como los “hombres invisibles”, porque nadie sabe de ellos, excepto el personal que trabaja en los medios de comunicación. Hacen una función vital, como diseñar, esquemar y jerarquizar notas, pero el público casi no conoce su identidad. Y como dice el propio Javier, “nos peleamos y discutimos con el mismo director y reporteros, y al final no quedamos bien con nadie”.
Nos cuenta que alguna noche don Leandro Martínez Bernal (QEPD) y don Francisco Gamboa López, quienes en ese entonces eran director y jefe de redacción de El Heraldo, en ese orden, intercambiaron comentarios burlescos sobre el entonces Obispo de Aguascalientes. Carlos Raúl tomó sus libretas y con sus periódicos bajo el brazo abandonó la redacción y el diario: “No puedo estar en un lugar donde se falta al respeto a las autoridades eclesiásticas”, diría Cruz Gallardo, quien demostró sus firmes convicciones y creencias, era un periodista hecho y derecho, fiel a la fe que profesaba.
García Zapata añade que atestiguó un episodio muy similar en el diario El Tiempo, de la Paz, Baja California, en donde compartimos páginas.
(Adivinen quién me invitó a trabajar allá y me hospedó por algunos días en el Puerto de Ilusión). “Ramón (QEPD), nuestro jefe de redacción, y de quien luego fuimos amigos, usaba un anillo con el símbolo masónico en el fondo de una piedra azul o roja, transparente, y se placía en hacer renegar a Carlos Raúl, a veces en complicidad con Octavio, el director”.
Enérgico y congruente, Carlos Raúl finalmente se ganó el respeto. “Y yo creo que también el afecto de Ramón y de Octavio, de Mario Zamora; ya tenía el mío y el de Martín Zapata, con quien habíamos coincidido en Momento, así como de Uriel, sobrino de otro buen colega de Momento: José García Muñoz, panista de a deveras”, rememora Javier García Zapata.
Por cierto, que por algún tiempo Carlos Raúl fue Jefe de Información de Momento. “Jaime Arteaga cuenta entre risas que alguna vez le dejo una orden de trabajo en la cual le pedía que cubriera un evento ‘por el amor de Dios’; quizá porque en otras ocasiones anteriores la orden no había tenido efecto”. Y es que, cabe hacer notar, Jaime no es muy apegado a la fe católica.
De no alta estatura, Carlos Raúl solía usar guayaberas. Una muy socorrida era de color tinto, decolorada de la espalda; hacía juego con sus pantalones de terlenka y su clip para no atorarse en la cadena de la bicicleta. Es decir, vestía con sencillez e igualmente “vestía” también casi de manera permanente de buen humor, detalla García Zapata.
Recuerda que lo acusaban de ser muy hábil para las “voladas” (lo que hoy serían “fake news”). En la ciudad de La Paz, Baja California, un funcionario se quejó con el jefe de Reacción, Ramón, quien era en los hechos el mandamás en el periódico El Tiempo, a pesar de que también teníamos un subdirector, y pidió publicar una aclaración a cierta nota escrita por Cruz Gallardo.
Ramón accedió. Y la “cabeza” decía: “Aclaración a una aclaración que no aclara nada”. Es decir, respaldó a Carlos Raúl, aunque luego “lo descansó” un par de días.
Así que, con Carlos Raúl, precisa Javier García Zapata, “comenzó mi odisea periodística”. Trabajaron juntos en Momento de Aguascalientes, El Tiempo de La Paz y ABC de Tijuana, “en donde intentamos integrar una cooperativa para comprarle el cabezal a Bob Delamadrid, sin éxito”. Más que “trabajamos juntos”, sería más propio decir que fue él quien me abrió la puerta de esos diarios, señala sin ocultar su emoción.
Siempre cordial, noble, sencillo, muy joven quedo viudo, con seis hijos, “si recuerdo bien”, y al poco tiempo contrajo nupcias nuevamente.
Continuamos la semana entrante.


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