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jueves, 11 de mayo de 2017

Mercado Interno

Sobrecoge a la sociedad  linchamiento de un
ladronzuelo en la tierra de la “gente buena”

Ciudadanos “tienen que hacer uso de fuerza; es 
a lo que estamos llegando”, justifica alcaldesa

Juan Manuel Rodríguez  (10-05-17)
Una Zona Netropolitana ligeramente rebasada por el millón de habitantes como la nuestra, con sus municipios de Aguascalientes capital, Jesús María y San Francisco de los Romo, registra una crisis de crecimiento por su rápida expansión industrial.

El  crecimiento de su mancha urbana aún difícilmente contenida por un Código rebasado por los intereses de los desarrolladores de decenas de fraccionamientos que favorecen a  la industria de la construcción (creció más de 16 por ciento el año pasado) con su efecto multiplicador en 37 industrias más, permite atender la demanda  creciente de vivienda  de inmigrantes atraídos por la generación de nuevas fuentes de trabajo.

Crisis de crecimiento modernizador con retos a la inteligencia de urbanistas, para resolver la insuficiencia de recursos hídricos con mantos acuíferos sobreexplotados y consumo de agua extraída a profundidades de más de 600 metros con metales pesados y consecuentes dañinos para la salud; solución a una movilidad con presión de  un parque vehicular de medio millón de automotores que exigen pasos a desnivel, túneles y vías rápidas en aras de nuestro señor el auto, frente a un sistema de transporte público de equipo obsoleto, insuficiente con circuitos, rutas o paraderos ya saturados, efectivos en el siglo pasado y no para el actual; o, entre otros problemas, uno de los más graves: la inseguridad.

Es de justicia reconocer que Aguascalientes le peleaba el primer lugar en seguridad a Yucatán entre las mejores ciudades para vivir y ciertamente se reconoce un control de los crímenes más graves, salvo uno que otro homicidio entre narcomenudistas, por ubicarnos en los linderos del expansivo territorio del Cártel Jalisciense Nueva Generación (CJNG), pero ahora dañados por los delitos llamados menores o del fuero común y proliferando con atracos a comercios, asaltos a mano armada a depositantes bancarios o simples transeúntes, robos a casa habitación, al grado que INEGI en su más reciente encuesta sobre el tema, si bien reconoce que disminuyó la inseguridad, todavía nada menos que el 50 por ciento de los pobladores mayores de edad, se sienten inseguros en ésta, su propia ciudad.

Es oportuno divulgar los cuadros que sobre la inseguridad en Aguascalientes y su zona metropolitana publicó Citibanamex en su Índice Regional de Actividad Económica (IRAE) aparecido la semana pasada, donde se observa que “Robo con violencia” registró el año pasado 65.1 por cada 100 mil habitantes en Aguascalientes, muy bajo comparado con el nivel nacional (nacional es 140.2); lesiones dolosas con 137.2 por cien mil habitantes, superior al nacional (nacional 108.2); en cuestión de homicidios, Aguascalientes 3.0 por cada cien mil habitantes y a nivel nacional 17.0 por cien mil habitantes.

 Este porcentaje en la percepción de inseguridad había causado desasosiego en la sociedad cuando, para nuestro asombro, en Aguascalientes se  consumó un linchamiento contra un ladrón que tenía en su récord 195 detenciones e igual número de liberaciones. Parecia inconcebible que en la ciudad, cuyo escudo identifica a sus habitantes como “bona gens”, haya surgido “la ferocidad chichimeca”.*

Lo cierto es que en esta gran metrópoli hay una  percepción genuina de inseguridad y, como lo reconoció el gobernador Martín Orozco en su discurso con motivo de la batalla del 5 de mayo, ahora debemos trabajar unidos, en una lucha sin cuartel ”contra la inseguridad, la pobreza, la impunidad, la corrupción y la falta de oportunidades de superación para los niños, adolescentes y jóvenes”.

El linchamiento abre un práctico debate social entre quienes se oponen a aplicar la justicia  en propia mano, y los que de hecho lo justifican ante la incapacidad policial o la inoperancia de la justicia que deja en libertad al delincuente en menos tiempo del que utiliza la policía para consignarlo.

La propia alcaldesa, Tere Jimenez, no sólo se pronunció contra el sistema penal acusatorio que ”no está dando resultados” pues aunque ingresan muchos detenidos,tienen sus expedientes y al verlos libres, “la gente, a quienes les hicieron daño, tienen que hacer uso de su fuerza: es a lo que estamos llegando”, dijo textualmente la edil. Añadió que este hecho “es un simple ejemplo. La gente tiene que optar para hacerlo por su propia mano…. cuando ve que el delincuente hace mal uso del tema, de toda la sociedad y el estado de derecho no se está cumpliendo”. 

Dentro de las múltiples aristas, entre ellas la defensa que los familiares hacen de los agresores al  sorprender in fraganti y atacar al delincuente, también surge la posible complicidad de la propia policía con los delincuentes hecho que, dice la alcaldesa, debe definir el Fiscal General del Estado. Lo anterior surgió por una fotografía divulgada por el propio delincuente, Hugo conocido como “El Huevo”, a bordo de una patrulla policial municipal presumiendo una subametralladora y licores, lo que hace presumir la liga de elementos de seguridad con el delincuente. Se dice incluso que pocos días antes de su muerte, había sido detenido por policías estatales y salio libre. No es extraño que policías exaccionen a hampones y los obliguen a seguir robando para poder obtener parte del botín.

Un caso de linchamiento que hace vibrar a la sociedad y obliga a ahondar las investigaciones para encontrar la verdad y reducir la notable inseguridad que, no sólo es una percepción, sino una realidad que padecen los aguascalentenses, sobre todo en asalto con violencia, robo de autos, a comercios y domicilios particulares

*(Nunca pretenderemos comparar un linchamiento con la guerra chichimeca, sólo nos referimos a “la fiereza” en ambos casos. No es, tampoco, en desdoro de las tribus nómadas, que no residían precisamente aquí pero sí incursionaban para enfrentarse entre sí, ya para defender sus territorios o luchar bravamente contra de invasores españoles, lo mismo guachichiles del Gran Tunal potosino, que tecuexes de Teocaltiche, tzacatecos del árido norte y hasta caxcanes de los cañones de Jalpa y Juchipila y quizá vasallos de Tenamaxtle, señor de Nochistlán, el más bravo de todos contra los conquistadores y en defensa de los derechos humanos de los naturales. Esa fiereza chichimeca la impregnó Oswaldo Barra Cunninham en su mural sobre una batalla entre chichimecas y españoles ocurrida cerca de Aguascalientes, y cuyo fresco quedó en lo que fuera zaguán de la antigua residencia de los Rincón Gallardo, hoy Palacio de Gobierno).                            .             
Redacción de Mercado Interno

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