Los Independientes.
Reforma de la Democracia.
Por Carlos Cuevas
La constante
desde la Antigüedad ha sido la lucha por el poder público. Aspiración que no deja momento de reposo a aquéllos
enamorados del poder concreto, es decir la dominación de hombres sobre hombres
y los beneficios inherentes. Ello significaba que hombres virtuosos de nobles atributos
morales, otros de sentimientos siniestros durante siglos fueran elevados al
trono. Para arribar al poder y conservarlo tenían necesariamente que
involucrarse con todo tipo de
situaciones desatadas por las intrigas, traiciones y gobernar con acierto ante
sinnúmero de calamidades que conlleva responder con los mejores resultados a
sus gobernados. Todas las formas de violencia surgieron en la lucha por conquistar
y mantener el poder público. Era menester al involucrarse en la política
sumergirse en las condiciones más complicadas al grado de pactar con las
fuerzas más oscuras para salir airoso en las contiendas. En la actualidad las
cosas no han cambiado de ahí que los desafíos son formidables, considerando
como se comportan los “políticos” con y sin partido en una guerra perpetua de
todos contra todos. Los candidatos por la vía independiente, al haber tomado
ese sinuoso camino seguramente estarán imbuidos de las ideas y empapados de los
conocimientos que acumularon durante el tiempo que permanecieron en espera de esta apertura, sin embargo
espero no esté por demás tener por apropiadas algunas de estas consideraciones.
Se
requiere voluntad inquebrantable, capacidad organizativa, sagacidad, energía,
carácter y valor a toda prueba; esto no se logra si no se es poseído aquel que
pretende dirigir hombres por una verdadera pasión, y sobretodo tener una genuina vocación para la
política. La política requiere, inteligencia, mesura, convicción y
determinación. Quien tiene verdadera vocación para la política tiene
capacidades intelectuales y equilibrio mental para el estudio metodológico de
las circunstancias. Posee una notable disciplina para la investigación de los
acontecimientos sociales, capacidad de análisis e intuición sociológica sobre
el comportamiento humano, y desde luego, un bastísimo conocimiento y cultura en
general. Quien reúne estos atributos tiene enormes posibilidades de éxito para
hacer política. El político, aun el de basto saber cargará siempre con las
incógnitas de los acontecimientos sociales de su propio entorno, pero se
preguntará siempre que estará sucediendo más allá donde se hacinan los grandes conglomerados
de ciudadanos que lo esperan con un cúmulo de peticiones unidas a infinidad de
preguntas sobre las acciones de gobierno inmediatas; dilema complejo es ese de las
preguntas para una respuesta inmediata.
El político sagaz buscará en el entramado de
las alternativas puesto que conoce la problemática que se supone previamente le
han presentado sus asesores, como interpretar y comprender la vida en comunidad
para poder explicar con conceptos objetivos las acciones que acometerá en razón de la causalidad
de los colectivos concretos. No obstante que el político tenga el conocimiento
de la realidad total, se vera empujado a escoger ámbitos de reflexión a fin de
seleccionar aquellos problemas y fenómenos prioritarios de cada grupo y
atacarlos con todos los recursos disponibles humanos y materiales, con determinación,
convicción y una gran creatividad. El verdadero político creará las
circunstancias al construir un andamiaje de tal fuerza que permita sostener el
ordenamiento conceptual de la realidad que tiene frente a sí, por lo que se
dará a la tarea de diseñar las estrategias idóneas que el momento y las
necesidades exigen para la reforma de la
democracia.
La política
es una empresa de altísima competencia. Solo aquellos espíritus llamados a la
conducción de hombres pueden ofrecer las respuestas ante la complejidad de las
preguntas. A mujeres y hombres con vocación política, inteligencias autorizadas
verdaderamente calificadas para la disolución de la problemática inmersa en infinidad
de variables los alumbra México y los reclama la sociedad para su reedificación
y que su número se extienda por todas partes hacia una democracia absoluta o
universal, es decir, cerca del cien por ciento del padrón electoral y la
aceptación del resto de la población del ámbito de que se trate. Esto que tiene
tinte de utopía, la política por la vía independiente
puede ser la alternativa no sin salvar formidables escollos que presenta la
lucha feroz por alcanzar el poder político entre los hombres transformados en
bestias: Homo homini lupus.
Aquellos
que se lancen a la lucha política en candidaturas independientes, incluidos
casos verdaderamente excepcionales que provengan de algún partido sin actitudes
trapecistas, deberán demostrar cabalmente su vocación para la política dejando
de lado los intereses personales con una entrega incondicional a las causas
sociales más urgentes. No es posible predecir el auge o la extinción del
independentismo, pero es una lucha muy válida de aspiraciones de ideales con un
altísimo sentido democrático, si se puede entender como un impulso a conformar
igualmente una estructura de dominación como la relación entre gobernantes y
gobernados que se extienda a lo largo y ancho del país clamando por candidatos independientes
que se alejen de los partidos anacrónicos, todo con la esperanza y fe de que la
sinceridad, honestidad valor y voluntad
férrea que demuestren, sea el éxito a mediano y largo plazos en el horizonte
cercano para alcanzar la auténtica democracia.
Conforme
avancen los triunfos independientes, se irán transformado las condiciones de
mando y obediencia, con hombres y mujeres que en las contiendas electorales se hayan
definido en la absoluta mayoría del universo de votantes, y no en la mayoría
relativa, que les brindó su preferencia, y posteriormente conquistar con un mandato
ejemplar (carismático) al total de población del ámbito de que se trate, sin
temor a la utopía. Sin que el caso Nuevo León se ubique en esta maravilla es el
parteaguas para el avance de la figura institucional del independentismo frente
al sistema de partidos. El sociólogo alemán Max Weber de alguna manera la hace
válida en su famosa conferencia “La política como vocación”, cuya conceptualización expone como elemento fundamental de condición
de política pura para la marcha del Estado. Retrocedamos un poco, veamos, la legitimidad tradicional, es una forma de
gobierno ancestral en que el poder se trasmite en sucesión de generaciones en
imperios, reinos, aldeas, tribus, en las que se obedece de acuerdo a una larga
tradición a quienes mandan en el momento. La legitimidad carismática, se sustenta en una devoción al líder que
posee notables atributos personales y capacidades extraordinarias al que siguen
partidos y el pueblo porque creen en él y por lo que esperan de él (candidatos
independientes). Por ultimo la legitimidad
racional, estatuida en las asociaciones políticas (el Estado), estructuras
de gobierno cimentadas en convenciones de los cuerpos políticos del Estado,
partidos y ciudadanos, en las que pueden tener lugar de actuación los lideres o
autoridades de carácter independiente,
en razón de que la obediencia política se funda en una superestructura jurídica,
política e ideológica; es decir, estructura social debidamente erigida
institucionalizada.
El
político político nace no se hace. El
sentido político se pule, se afina pero ya se trae genéticamente. Se puede ser
un gran panadero, pero se nace
pastelero. Por razones genéticas la inclinación a la política del hombre
político es intuitiva y ello tiene que ver con situaciones meramente sensitivas
en las causas sociales. El hombre político tiene una inclinación al ego en la
participación política por el simple hecho de darse una satisfacción que le
reditúe en lo espiritual y -legítimamente- en lo económico. Se vive para la política
y se vive de la política. El candidato independiente
juega en ambas situaciones un papel digno, su pasión y convicciones habrán de
pasar una dura prueba de moralidad. De cualquier manera le esperan días aciagos
en una empresa que es una competencia durísima, con su sinceridad y propuestas tendrá que ganarse la
credibilidad y la voluntad ciudadana.
La política
moderna es una empresa de interesados en una organización. La organización
necesariamente es controlada por hombres interesados en la cosa pública. Esto implica la división de ciudadanos
políticamente activos y ciudadanos políticamente pasivos u ocasionales, como lo
son los simples electores. El político de vocación vive para la política, hace de
su vida su sino; aun el que vive de la política. Tres cualidades deben reunir
los políticos de vocación: pasión, mesura y responsabilidad. La pasión es la
devoción a las causas que no son excitaciones vanas ni pasajeras. Las causas
sociales deberán tratarse con responsabilidad, ya sea de forma mesurada o de
forma intensa, esa es la cualidad
psicológica determinante del político. Ello permite dar prioridad y dimensión a
las cosas. Quien vive para la política su máxima será la que el político
independentista Vicente Guerrero exclamó como la frase más sagrada:”La Patria
es primero”. Por ello, el político de vocación requiere de poner todos sus
sentidos en juego con misión nacionalista. La política es ética de convicción y
también ética de responsabilidad. Por la sustancia que conforma a lo político,
esto es, la fuerza en una orientación ética sólida en los fines últimos, y ello
significa la ética de la responsabilidad, la ética política. Quien vive de la
política, es un político o funcionario profesional del más alto nivel en la
burocracia que puede tener o no ingerencia en las grandes decisiones de los
cuerpos políticos, por lo mismo que tendrá que reunir valores y atributos de la más alta dignidad.
Platón
señalaba que la vida da a cada quien lo suyo. La cosa publica es el vínculo que
mantiene unida a una sociedad donde cada individuo ha encontrado la manera de
ocuparse aunque no necesariamente sea en la actividad política, La genuina
vocación política cada hombre verdaderamente político la explaya para con sus
semejantes en servirles con entrega sin
esperar nada a cambio. El concepto de utopía cobra aquí dimensiones
insospechadas. A todo ciudadano, respecto a su aptitud y anhelos naturales a su
vocación que le mueve en la vida es un resorte que le impulsa a la ocupación
que ha abrazado con energía, carácter, esperanza, pasión y fe, con lo que demuestra
sus verdaderos sentimientos. Sócrates, maestro de Platón dejó un legado que es
el que el hombre siga a sus propias virtudes en su conciencia claramente
definida, debe estar orientada al alcance del mayor cúmulo de conocimientos. Su
máxima fue que solo un líder filósofo merece llegar a gobernar sobre multitudes
que le reconozcan su verdadero sentido de estadista, que como signo de
inteligencia demuestre una inclinación natural a la justicia, la generosidad y
al amor por sus semejantes. Maquiavelo aseguraba que para un buen servicio
público los monarcas sabios deberían allegarse un buen equipo de funcionarios, ciudadanos
muy aptos y tenidos en el más alto aprecio y reconocimiento moral por los
ciudadanos. Sócrates no consideró que la democracia de mayoría relativa fuera
exactamente la mejor forma de gobierno para un pueblo plural. Puesto que
grandes proporciones son sometidos a la voluntad de otra proporción que no
conforma la voluntad general o la voluntad de todos, ya que en realidad los que
integran el colectivo de militantes y simpatizantes del partido en el gobierno
son a su vez una minoría-mayoría del universo de votantes. De esto se desprende
que no toda la ciudadanía caminará conforme a como lo dicte un sector
relativamente mayoritario de la población, porque es bien claro que no se está
obrando para dar a cada quien lo suyo de acuerdo a su aspiración sino que se da
una imposición “natural” de todo cuanto los representantes de esa “democracia”
emprenden.
Sentimientos,
ideales, riqueza, poder, religión, valores, son entre otros factores determinantes cuando la acción para
vivir para y de la política mueve al ser humano en el desarrollo de su vida. El
político de vocación debe ser en términos filosóficos el mejor estratega
visionario, el mejor ideólogo y el mejor emprendedor, cualidades que
necesariamente estarán enfocadas en un ejercicio que favorezca al mayor número
de ciudadanos, independientemente de por quien hayan votado. Este conductor de
hombres debe ser más filósofo que politólogo, pues deberá tener una mentalidad
más profunda en la cosa pública y en el conocimiento en general, pero sobre todo del ser humano, y si está
ampliamente preparado será un excelente gobernante; no está por demás que
reflexione sobre la idea de que la democracia por si misma es un obstáculo si
la “mayoría” que lo eligió la compone un
número poco significativo respecto del padrón electoral, toda vez que en
la verdadera mayoría yacen inmensos colectivos plurales, abstencionistas y los
votos nulos además del resto de la población, lo que le plantea desafíos
verdaderamente formidables para gobernar en una democracia que no es absoluta. El
político filosofo es por ello virtuoso ya que por su amplio conocimiento es un
conocedor objetivo de toda situación y de cualquier modo será el que mejor lleve
a buen puerto a un pueblo ya que podrá satisfacer dentro de las posibilidades a
todos, incluidos opositores que no
escatimarán reconocimiento.
Se subrayan algunas apreciaciones que
siendo ya conocidas se significan
por la .gravedad que cobran a medida que pasa el tiempo. Son desafíos de
política pura para los intrépidos que se han enrolado en la política
independiente, pero que no deberán temer. Se están conformando camarillas de
diletantes, discurseros frívolos, estériles, poco calificados para hacer
política. Se están relegando (sacrificando) reconocidos prospectos que hacen
verdadera política. Propuestas de políticos y de partidos carecen de objetividad
y de sustento doctrinario. La defensa constitucional de la clase trabajadora de
la ciudad y del campo aun como derecho humano es letra muerta.
Las reformas propuestas en el Plan Nacional de
Desarrollo requieren de estrategias con
un altísimo grado de competitividad al interior y frente al exterior. Los “ideólogos” de los partidos y sus legiones de chambistas
ignorantes tienen como único objetivo la conquista del poder por el poder mismo
y por el botín (peculado). Se agrava la
corrupción por impunidad, omisión, complicidades, ignorancia política y por el debilitamiento
de la estructura social y económica. Urge una legislación nacionalista contra
el contrabando y la penetración del bloque asiático-norteamericano que con sus
fabulosas cantidades de bienes de altísimo valor agregado y sus manufacturas, absorbieron
el consumismo, desequilibrando nuestro mercado interno.
El sistema de partidos resulta anacrónico, El aliancismo suprimió las
líneas ideológicas y reglas claras en un momento que se requiere de toda la
sinceridad de quienes salen a la plaza pública con propuestas que transformen
la realidad de los más vulnerables. Las coaliciones, alianzas y el trapecismo solo
han dejado ver la farsa de partidos otrora históricamente irreconciliables, convertidos
en agencias de colocaciones clientelares de encuadramiento partidista. Las verdaderas
disputas son por los ejercicios presupuestales. La lucha independiente tiene
frente a sí retos para voluntades y conciencias que superen toda utopía. Quizá
si la línea política independiente avanza con el ímpetu que está demostrando, la depuración de
partidos se asimile y reditúe por lo menos en la alternativa del bipartidismo, en
la reconfiguración de candidatos
plurinominales en primera minoría, y en la reducción al mínimo del presupuesto
del INE.
El poder político absoluto corrompe absolutamente por lo que significa
en proyección personal y la riqueza material. Todo político que no es de vocación
tiene ese sueño fraticida, en detrimento de los marginados, ante el
“agotamiento de los presupuestos”. Con sus eventuales triunfos, los políticos
independientes abrirán la posibilidad para la erradicación del patrimonialismo
y los cotos de poder en el reparto de los cargos públicos de toda índole, con
los que son favorecidos los familiares y allegados a los que toman las
decisiones en los cuerpos políticos de los poderes públicos. En esta rueda de la fortuna, han sido
favorecidos hasta por la vía plurinominal de los cargos legislativos desde
artistas, deportistas, “juniors”, empresarios, etc., dejando en el camino a verdaderos
políticos profesionales de vocación que “han sido disciplinados por las buenas”,
postergados al ostracismo político.
El sector mayoritario del país es la mujer y cuenta con los atributos
suficientes que la pueden proyectar a la vanguardia de la política. En la vía independiente la participación de
la mujer será determinante virtud a la mayoría que representa en el plano
poblacional y electoral, aunque han contenido su avance con el acomodaticio
obstáculo ilegal de la paridad. Las mujeres requieren prepararse en la teoría y
práctica políticas, porque valentía y voluntad para encarar las circunstancias
más adversas que superan las de hacer política, las hacen verdaderamente
admirables. Mujeres y hombres que opten por transitar en la política por la vía
independiente están ante el reto formidable de demostrar de qué están hechos
para la reforma de la democracia. La
ciudadanía tiene la última palabra.

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