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Los Universitarios Con orejas de burro

Los universitarios

Con orejas 

de burro 


Héctor de León

Tengo la certeza que una buena cantidad de servidores públicos del primer nivel, sufrieron las de Caín cuando cursaron sus estudios básicos, prepa o profesional. Como antes no había lugar para quejas por violación de los derechos humanos, más de algún profesor les llevó hasta el rincón para ponerles orejas de burro, o mínimo, hacerles repetir en planas y planas, un sinfín de frases para que aprendieran muy bien sus lecciones, como por ejemplo, “debo cumplir con la responsabilidad de mis tareas y respetar lo que me enseñan mis mayores”. Las frases a repetir pegaban certeramente en la conciencia de los educandos, por lo que era difícil olvidar las enseñanzas de esos profesores de antaño que nos educaron con reglas de oro en las más diversas disciplinas relacionadas con la ciencia y los valores morales.

Mi generación, como otras tantas, sentíamos un respeto absoluto por la figura del maestro; lo veíamos como una persona admirable, todo un personaje entre la clase de profesionistas; bien preparado, un sabelotodo, esforzado en enseñar bien, paciente hasta las cachas, en suma, un invaluable consejero en todos los temas habidos y por haber. En mis tiempos se respetaba al maestro como lo hacíamos con el cura, el médico, el ingeniero o el abogado.

En estos tiempos da reconcomia muchas cosas que suceden con los profesores, y más me duele verlos tratados como viles delincuentes –que algunos sí lo son-, sobajados, rebajados en su calidad de personas, bueno, hasta los propios educandos les quieren pasar por encima, como me figuro lo hacen con sus padres. Es triste ver la figura del maestro deambulando en las oficinas burocráticas, casi mendingando un pago pendiente o una modificación en su estatus salarial. Claro que hablo del maestro que cumple fielmente con su responsabilidad y no de aquellos que han encontrado en el magisterio una minita de oro, derivado de beneficios supuestamente sindicales. Hablo del maestro que se la rifa todos los días en que hay clase en la escuela y que todavía tiene que cumplir con las obligaciones familiares, y que apenas le alcanza el salario para atender sus necesidades básicas.

Como el espacio se acaba, expreso mi beneplácito con el papel que ha asumido el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue Wiechers, que criticó los alcances de la reforma educativa, impulsada por Aurelio Nuño, dueño de la SEP, que ha cambiado su rol para asumirse en el cargo de procurador de justicia. El rector, de corridito afirmó que se trata de una reforma educativa que sólo toca aspectos administrativos.

“Tengo mi punto de vista sobre la reforma educativa, es un primer paso pero no es una reforma educativa, hasta este momento es una reforma en la forma de contratación de los profesores y evaluación de ellos, esperamos ver la verdadera reforma educativa pronto. Falta  reformar la educación, modelos educativos, contenidos, materias, eso es lo que es una reforma educativa y está por verse. Es el paso que sigue”.

A la reforma educativa le faltan cabeza y pies. Nadie está contra la evaluación, pero sí en las formas y en los procesos que se siguen al revés, porque lo que habría que cambiar, reinventar, es este embrollo que se hace llamar sistema educativo mexicano. Debería de volver también el castigo o premio de las orejas de burro. ¡Ilumínalos don José Vasconcelos! (hmdeleon@terra.com.mx)

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