BANNER

Los Universitarios Héctor de León



Sergio Alvarez Campero y su IACT

Héctor de León


Héctor de León

Era a fines de la década de los sesenta. En aquellos años preparatorianos no nos dolía absolutamente nada, ni mucho menos sentíamos el peso y la responsabilidad de la vida. En esos momentos éramos lo que queríamos ser: libres como el viento, felices por la nada y, no todos, deportistas y, al mismo tiempo, bohemios incipientes. Juventud, divino tesoro. Chiquito se nos hacía el mar para echarnos un buche de agua. En ese tiempo, Sergio era fuerte como un toro y con un liderazgo en los deportes que eran su pasión: básquetbol y fútbol. Dentro de esa aparente dureza, poseía un corazón noble, sabía ser amigos a carta cabal y le rindió tributo a la amistad hasta sus últimos días.

No recuerdo bien a qué generación pertenecía del glorioso Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnología (IACT). La gran ventaja es que en aquellos años convivíamos alumnos de distintos años y grupos, máxime cuando se trataba de practicar deporte en aquella añorada canchita que le conocíamos como el “semillero”. Éste se encontraba en un traspatio que tenía el viejo Instituto después del segundo patio, que venía a topar con la alta pared sur de lo que era la Cancha del Estado. Un lugar encementado que no tenía nada de extraordinario más que sus altos muros y que nos servía para practicar frontón, fútbol, básquet o voli. Todos los deportes metidos en un puñito de lo que era el todo de nuestras instalaciones deportivas localizadas en lo que fue en sus principios el claustro conventual de San Diego, perteneciente a los padres franciscanos.

Ahí en el “semillero” nació, por la voluntad tozuda de un grupo de preparatorianos, el equipo de fútbol del IACT, que habría de convertirse más adelante en un club social y deportivo. Este glorioso nombre habría de pervivir por más de cuatro décadas gracias a una generación de preparatorianos que hicimos del deporte un club de amigos, de hermanos, pero también, gracias a los apoyos y constancia de gente como “El Zarco” –Jesús García Campos-, y su hermano Juan –que también nos aguarda en la Gloria eterna-, que nos proveían de uniformes e, incluso, Juan nos hizo participar como “cachirules”, representando en dos últimos compromisos, a un equipo de las “Cebras”, que representaba al fútbol de Aguascalientes en la Tercera División profesional.

Sergio fue durante muchos años la columna vertebral de la defensiva del IACT. Nunca le vi amilanarse ante nada, mucho menos de las minucias deportivas. Su fortaleza era también intelectual porque sabía qué quería hacer en cada momento en que la vida le ponía a prueba. No era muy expresivo, pero a su modo sabía cultivar amistades, por ello dejó grandes amigos, que apenas hoy se enteran de la ausencia física de Sergio, que nos duele y cala hondo. Los pioneros del Club IACT le vamos extrañar, aunque bien sabemos que nos cubre, a la defensiva, un cachito del cielo que nos aguarda para todos sus amigos preparatorianos. ¡Un saludo solidario a sus seres queridos! ¡Arriba el IACT! ¡Vamos Prepa! (hmdeleon@terra.com.mx)

Publicar un comentario

0 Comentarios