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ABCdario Carlos del Castillo



La UAA y sus presupuestos



RUIDO. La Universidad Autónoma de Aguascalientes es una de las contadas universidades públicas que tiene establecido en ley, el que cada año sean auditadas sus cuentas por un despacho de contadores públicos independiente. Si ello no bastara, la UAA no puede eludir su responsabilidad de informar de sus movimientos contables al Congreso del Estado y a las instancias federales que le asignan los dineros, los que vienen etiquetados acorde a los programas de inversión debidamente justificados y aprobados. Difícilmente en estos tiempos, dadas las técnicas sofisticadas de supervisión contable, se pueden ocultar cochupos o movimientos financieros de donde puedan sacar raja los servidores públicos que buscan a toda costa beneficiarse con los dineros mal habidos. Apunté que es difícil robar, pero no imposible, porque los listos nunca faltan en las administraciones públicas y privadas. Así como se ponen candados, otros ya están planeando cómo abrirlos aterciopeladamente. En otro sentido, tampoco faltan los inocentes que, fuera de una maquinación fraudulenta, por un descuido caen en el garlito que les preparan los cabecillas. ¿Cuántos inocentes han tenido que pagar las argucias de superiores que son los beneficiarios directos de los fraudes cometidos?... NUMEROS ROJOS. En el caso de la Autónoma, se conocen bien los reiterados llamamientos de que los subsidios recibidos, de la Federación y del Estado, no alcanzan para cubrir los gastos de operación e inversiones anuales. En los primeros rectorados –una cruel época de vacas flacas porque todo estaba por hacerse-, los directivos se ufanaban de llegar al fin de cada periodo con cuentas parejeras, las que finalmente arrojaban números negros. Es más, en el periodo rectoral del licenciado Efrén González Cuéllar, la Universidad se dio el lujo de festinar la creación de un fondo de contingencias, el que se agotó durante la gestión siguiente, la del ingeniero Gonzalo González. Los problemas de raíz comenzaron aflorar a partir de la administración del pediatra Antonio Ávila Storer que tuvo que reconocer abiertamente que por primera vez la Universidad había caído en números rojos. Lo que no tiene vuelta de hoja es que en distintas épocas se abren y se tapan hoyos financieros. Una etapa en que la Universidad se vio en situaciones económicas apremiantes, lo fue en los años en que manejaron las finanzas Gustavo Báez Mascorro y Antonio Rodríguez Silva, el primero duramente criticado por no pagar cuotas al IMSS, lo que derivó en una dura sanción a la Uni, y el segundo porque hasta el final se conoció un déficit inesperado. Los números rojos que presuntamente heredó el actual rector Mario Andrade Cervantes se contabilizaban en el orden de, cuando menos, los cincuenta millones de pesos, hoyo financiero que no han podido cubrir porque el gasto universitario ha aumentado considerablemente  al crear el nuevo Campus del Sur y el Bachillerato Oriente, así como una nueva dirección y otros departamentos… FILTRACIONES. En esta danza de los millones, hoy se habla de cuentas pendientes de la UAA con el Órgano Fiscalizador, en donde se argumenta un presunto equívoco en la ubicación de gastos comprobables y donde se presume el despido de dos personas del área de Finanzas, quienes llevaban una trayectoria limpia de más de cinco décadas al servicio de la Uni. Lo que conviene es precisar detalladamente el déficit en las finanzas universitarias y, de existir irregularidades, señalar a los responsables de la capa superior y no querer lavar las culpas con inocentes de una línea que les reconocen hasta los que hacen el aseo. Esto que aparece hoy como noticia, fue hace meses, lo que trasluce otros intereses y un aviso de que conforme avancen los tiempos políticos, otras cosas veremos Mío Cid. Las grillas crecen dentro y fuera de la Universidad en los tiempos electorales… PREGUNTA. ¿Por qué en las campañas políticas salen a flote historias negras de dudosa veracidad?... VOX POPULI: Sin robar no se junta gran caudal… (celcastillo@hotmail.com)

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