Desde que las redes sociales inundaron la web y su consulta es posible en casi cualquier dispositivo electrónico portátil, es notoria y comprensible la creciente indignación que causan los escándalos a los que son expuestos los candidatos y militantes de todos (absolutamente todos) los partidos políticos alrededor del mundo.
La viralidad y difusión sin precedentes de la información, se ha convertido en una vorágine comunicativa que difícilmente una oficina de prensa, medio o personaje público pueda frenar. El uso de ropa de marca, viajes alrededor de todo el mundo, la adquisición vehículos de lujo, el ir de cacería o incluso la practica en la esfera de lo privado de orgías y bacanales son ahora el principal insumo periodístico sobre todo en época electoral.
Pareciera que vivimos inmersos en una guerra sin cuartel en la que más allá de la propuesta se encuentra la apuesta por demostrar que un candidato es el “menos peor”, dejando de lado el hecho de que no se cuente con una plataforma electoral idónea o un programa de trabajo contundente sino simple y sencillamente se tiene que hacer evidente que “si se robó pero poquito”.
En su texto “La política como vocación”, el célebre autor alemán Max Weber explica que se puede identificar a dos tipos de funcionarios públicos: quienes viven PARA la política y quienes viven DE la Política. En el caso de los primeros, la mayoría de las ocasiones son personas con posibilidades económicas amplias cuyo oficio político obedece primordialmente a una verdadera vocación de servir.
Los segundos, cuya existencia según el autor es indeseable, se diferencian de la primera tipología al hacer del factor económico la única motivación por la que se busca una posición de representación popular o bien de un espacio laboral del cual puedan sacar ventaja dentro de la mal entendida y despreciada burocracia.
Quiero aclarar que de ninguna manera defiendo a aquellos que al intentar de manera artera y reprobable vivir de la política, realizan desvío de recursos o aprovechan su posición en la administración para negociar el otorgamiento de contratos y licitaciones a cambio de sobornos, dádivas etc. sin embargo y ante la creciente animadversión hacia la clase política vale la pena preguntarnos ¿es realmente malo dedicarse a la cosa pública? O pero aún ¿Es un delito el ser político y a la vez tener dinero y en consecuencia gastarlo?
La fortuna de una persona puede derivarse de herencias, negocios exitosos, inversiones o en el caso más fortuito y utópico, simplemente por haber comprado el boleto ganador de la lotería. Existen en el mundo ordinario cientos de personas que sin dedicarse a la política viajan por recreación a otro país al menos una vez al año o compran una bolsa de marca de decenas de miles de pesos y aún cuando quienes se den estos lujos se desempeñen en algún puesto público, el criticar la forma en la que una persona gasta su sueldo no es el mejor referente para lanzar petardos periodísticos que solo alimentan el odio colectivo.
Contrario a lo que la demagogia quiere hacernos creer, debemos reconocer que no es malo en lo absoluto el tener dinero o ser millonario, no podemos juzgar a quienes viven de una manera decorosa o incluso obscena y llena de despilfarro pues si bien es ofensivo y criticable por la indiferencia de quienes lo hacen, no podemos imputarles delito alguno a los príncipes y princesas de este país a menos que la fortuna que dilapidan provenga de una mala praxis dentro de la administración pública… de ser así el caso, me sumo al linchamiento público.
La solución no es el exterminio del selecto grupo de personas adineradas que viven en nuestro país. Si lo que se pretende es generar condiciones de vida más justas y equitativas, se debe consolidar un sistema tributario progresivo, abrir oportunidades educativas a quien así lo desee (estoy seguro que no todos los jóvenes quieren estudiar) y lograr que la totalidad de los mexicanos disfruten de un acceso a la salud gratuito y completo, es vidente que lo anterior no se logrará al diseminar un resentimiento clasista.
Creo y confío en que se pueda encontrar la forma de contar con servidores públicos que vivan de la política y a la par lo hagan para ella, no podemos imaginar que de manera perpetua estará peleada la remuneración justa y proporcional por un trabajo profesional bien desempeñado con la honestidad de quienes lo practican.
0 Comentarios